jueves, noviembre 12

Zurdo

Por Mara Jiménez


Hijo anunció su llegada con bombos y platillos. Hacía unos dos años que esperaban su arribo, cuando finalmente la ausencia de manchas y las náuseas en la mañana, confirmaron a Madre que por fin merecería ese título anhelado desde que tenía uso de razón... ese, sí, el de MADRE. Él no sabía si le iba bien eso de Padre, casi ninguno de ellos se puede imaginar como huele y a que sabe eso de la paternidad, pero el deseo de Madre bastaba para impregnarlos a los dos. Como ambos tenían el plan estimado de la vida perfecta complementada por Hijo, no faltó ninguna atención a Madre para que Hijo se sintiera cómodo en su vientre, y todo fluyera de acuerdo a las expectativas largamente acariciadas y proyectadas por ambos.

Nos hemos empeñado en descartar cualquier factor de sorpresa en lo referente a nuestros descendientes, y morbosos, hurgamos los vientres de las madres a ver quien viene por ahí. Y sucedió, pues, que cuando exploraron a Hijo, hubo un largo silencio del Sabio, que movía reiteradamente su ultrasónico artefacto, anunciando algún desastre humanamente no calculado. Padre y Madre se miraban con angustia; Madre con lágrimas en los ojos, Padre con un nudo en la garganta y un tanto insatisfecho. Lo que más les golpeaba era la interrogación que flotaba fantasmagórica sobre la cabeza del Sabio con su sofisticado aparato en la mano. El Sabio ordenó a Madre vestirse y pasar a su recinto.

Madre y Padre arrastraron su dolor, su vergüenza y su incertidumbre hasta el confesionario del Sabio y sentaron muy cerca los dos, como previendo que si uno sucumbía, el otro lo sostendría. El Sabio, con ceño adusto y severo les explicó: Nunca en su interminable carrera de Sabio, ni jamás en su vida había visto ni oído algo semejante... éste era un descubrimiento científico, algo único, pero nadie, ni siquiera un Sabio, podía asegurar la viabilidad de Hijo, a quien despectivamente llamó “Producto”. ¿Cómo podía la ciencia entender esto? ¿Cómo podía este producto haberse desarrollado hasta esta etapa? Nadie lo sabía. Lo cierto era que contra toda lógica, Hijo era más que especial. “Al ver que su cabeza palpitaba, esperé lo peor.” Explicó el Sabio. “Procedí inmediatamente a hacer las mediciones de rutina, pero su cabeza tiene el tamaño esperado para esta edad de gestación.” La incertidumbre comía a Madre y Padre. “Entonces,” continuó, “descubrí la verdadera razón de ese palpitar... Su hijo tiene el corazón en la cabeza... un corazón fuerte, que se las ha arreglado para nutrir a todo su organismo de manera normal, pero que vive alojado dentro de su cráneo”.

Padre y Madre sucumbieron ante sus peores terrores. Los cuadros del futuro se desgarraban en jirones de inconformidad atizados con preguntas tan humanas como “¿por qué?”. Padre, tratando de rescatar su pragmatismo, se recompuso con harta dificultad y marcó el fin de la cita, culpando al Sabio de su falta de pericia e ineficiencia. Le advirtió que consultarían a otros sabios, a todos los sabios del mundo si era necesario, pero que demostrarían su error, y le harían arder eternamente en las Zahúrdas de Plutón por tan descabellado y maligno diagnóstico.

Recorrieron el mundo varias veces. El planeta está últimamente lleno de Sabios, que con sabios aparatos escudriñan el futuro de las vidas que vienen a sucedernos. Pero cada uno que visitaban quedaba igualmente sorprendido, hacía las mismas observaciones, y entre más corrían las semanas, cada uno se asombraba más de lo bien que Hijo se desarrollaba a pesar de su condición de fenómeno de la ciencia de este cacareado siglo. Hijo, aparte de tener el corazón en el lado derecho del cerebro, era un Producto perfectamente normal: el resto de sus órganos se desarrollaban según lo esperado, sus medidas eran exactas para su edad gestacional y se agitaba alegremente en el vientre de Madre, como si saludara, cada vez que alguien echaba un vistazo.

Sucedió que Padre se convirtió en una sombra callada y trémula, que perdió cualquier energía para discutir con los Sabios; a veces, parecía que había olvidado cómo hablar; si Hijo tenía el corazón en la cabeza, a él se le había bajado la lengua a los pies, y su alma se secaba en un laberinto de preguntas sin respuestas que, muy a menudo, buscaba culpables de la terrible situación que vivía.

Sucedió también que Madre dejó de entender el idioma de los Sabios y metió las orejas hacia adentro para tratar de escuchar a Hijo. En un punto sin retorno, decidió no visitar a ningún otro Sabio, y se dedicó a escucharse por dentro para conocer a Hijo; tenía miedo de que éste viera la luz del sol un segundo para fenecer todavía unido a ella, debido a este extraño sino cósmico, que los sabios llamaban Fenómeno.

Sucedió que Hijo supo que Madre lo oía, y comenzó a hacer burbujas desde su piscina para establecer una especie de clave Morse con ella, quien aprendió el lenguaje en menos tiempo del que toma arrancarse una pestaña. Un día, Hijo dijo a Madre que quería ver el mundo y que se sentía fuerte para explorarlo, así que Madre, sentada como estaba en el jardín de su casa, dobló una cobija, se abrió de piernas y, en quince minutos, dio a Hijo el pase de entrada a la vida. Con la reminiscencia de su cerebro primitivo, Madre supo cómo cortar el cordón, cómo expulsar su placenta y sonrió plena ante el primer llanto de Hijo, que fue claro y nítido como la luna llena de octubre.

Entró a la casa directo a donde estaba Padre; le costó trabajo encontrarlo porque se estaba volviendo más y más transparente cada vez, pero una vez que lo ubicó, le acercó a Hijo con suavidad. Padre estaba aterrado de levantar aquel paño que cubría a Hijo, no sabía que esperar. Madre lo animó diciéndole: “Es Hijo, el nuestro, es igual a cualquier niño, sólo que tiene el corazón en la cabeza”. Él levantó el paño y efectivamente, se encontró con un niño tan normal como cualquiera... bueno, casi... la mirada de hijo era en extremo penetrante y al encontrarse con las pupilas de Padre, sonrió satisfecho.

Había en Hijo, desde sus primeros días de vida, una paz imperturbable, que causaba envidia. Si quería satisfacer alguna de sus necesidades, se agitaba un poco. Madre, además, estaba volcada con todos sus sentidos en él, y parecían tener ambos una complicidad intrínseca que los hacía felices. Madre no hablaba casi con el mundo exterior, nunca pudo preguntarle a ninguna otra madre, si cuando amamantaban a sus pequeños, sentían ese latir intenso y lleno de vida en el medio de sus pechos. No supo si los otros hijos, sonreían delirantes y hasta llegaban a soltar una diminuta lágrima emocionada al escuchar su música favorita. Madre decidió que el hecho de que Hijo tuviera el corazón en el lado derecho del cerebro, sería su secreto.

Padre murió. Sus despojos eran apenas comparables con los de un gato triste. Falleció de eso, de tristeza y de falta de resignación. Madre lo veló sola y lo enterró en silencio en una caja de zapatos en el jardín de la casa. Lloró la irreverencia de Padre y le dijo adiós con el corazón.

Hijo creció, jugó, habló cantó y cuando empezó a escribir, por supuesto, fue zurdo. Los finos trazos de sus letras llamaban la atención a propios y extraños, pues parecían partituras acompasadas que se entrelazaban con placer. El mayor rasgo de su personalidad siguió siendo su extrema paz. En todos sus actos había conciliación. Disfrutaba cada minuto de la vida como si fuera el mejor del mundo. Cuando tuvo edad suficiente, pidió a Madre que lo enseñara a pintar, y desarrollo un talento que, sobre todas las cosas, conmovía profundamente.

Madre tuvo suficiente sabiduría para aprender de la concordia que regía la vida de Hijo, y su instinto le marcó el momento de abrirle las alas para enseñarlo a volar. Pare el resto del mundo, Hijo era un niño especial del cual colgaban inciertos, infinidad de adjetivos: disléxico, sensible, extraño, índigo, traumado, alterado, sabiondo... pero a nadie se le ocurrió nunca pensar que lo único diferente en él, era que tenía el corazón en la cabeza.

Hijo creció hasta convertirse en Hombre y salió al mundo a buscar un amor marcado, que latía en sus pensamientos como pulsaciones certeras. Viajó para ver la tierra como nadie nunca la había visto y pintó enormes lienzos llenos de colores inventados por las mezclas de sus ojos. Pero se sentía solo, único y extraño. Escuchaba las discusiones y las palabras de los necios como ecos ensordecedores y graves que le provocaban taquicardia. Enfermó de severos dolores cabeza que le sacaban manantiales infinitos de llantos salados. Sus lágrimas se teñían de un azul intenso cuando más fuertes eran sus migrañas.

Un atardecer de verano, perdió el sentido en una plaza pública del mundo mientras luchaba contra su dolor. Una Ella, anónima, que llevaba días observándolo desde una banca, corrió a auxiliarlo. Cuando Hijo despertó, Ella sostenía su cabeza entre sus manos y apoyada contra su vientre. Aquellas manos parecían darle un consuelo mágico y poco a poco se despedía del insoportable dolor de cabeza, al tiempo que su cara quedaba marcada por los surcos azules de sus lágrimas secas; sentía que de aquellas manos emanaba un ritmo parecido a ese latido de vida que él estaba acostumbrado a sentir en la testa desde que tenía uso de razón, pero ese ritmo se duplicaba entre las manos de ella, no era un latido, eran dos, y su cabeza parecía ligera y feliz. En medio del coro de curiosos que los rodeaban, se hicieron el amor desde las manos de Ella y la cabeza de Él. Fluyó un hilo de vida que la penetró por las yemas de los dedos, dejándola plena y satisfecha.

Cinco minutos después, Él falleció. Cuando llegaron los hombres de ley, Ella dijo que era su amante, su concubina de toda la vida, que Él sabía que iba morir pronto debido a un extraño mal que lo aquejaba desde niño. Al principio, nadie le creyó, pero cuando el implacable juez ordenó la autopsia de rigor que se debe aplicar a todo aquel imprudente que decide morir en una plaza pública, Ella posó su mano sobre el hombro de hierro de tan oscuro personaje y murmuró un “...por favor”, tan quedo, que el juez no lo escuchó, pero lo sintió fluir desde su hombro al centro del pecho, y la autopsia fue dispensada.

Dos días después, Ella llevó las cenizas de Él a la orilla del mar. No lloró. Dejó escapar las cenizas a la marea cambiante con una sonrisa satisfecha. Al verla, una mujer cualquiera que por ahí pasaba, se animó a preguntarle: “¿De qué murió?” Y Ella respondió sin pensarlo: “De tanta belleza”.

A las 39 semanas de haber liberado sus restos, y sin ayuda de ningún Sabio, se le escapó de entre las piernas una niña rosada, hermosa, de largos cabellos y manos igualmente largas, que sonrió nada más encontrarse con sus pupilas. Hija era zurda y fue escultora.



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24 argumentos:

jess dijo...

Wórales Mara!!!!

Me encanta leerte, siempre me envuelves y me llevas por pasadizos secretos inimaginables.

El milagro de la vida, es el obsequio más hermoso que la raza humana ha llegado a acariciar.

Los que nos consideramos raros, lo sabemos perfectamente y lo aprovechamos.

Un abrazo linda!

Houellebecq dijo...

Estoy lejos de experimentar esa sensación a la que me resisto pero leyéndote parece que suspendo mi incredulidad y hasta podría replantearme mi vida de "nunca quiero ser padre". El texto es muy bueno. Ya lo debes saber tú que eres su progenitor.

Ivanius dijo...

Cómo decirlo... un relato esponjoso, que deja al lector ávido de saber muchas cosas en momentos o de personajes diferentes. Un freak show encabezado (ay) por Romeo y Julieta, con personajes sin nombre para elegir el que mejor nos cuadre en el laboratorio interno de ese cráneo que, para más de unos cuantos, no aloja sólo materia gris, sino también emociones sin duda palpitantes. Gracias, Mara. Besos.

Potter dijo...

Jajaja Que vaina tan buena!.
Mara vos tenés una habilidad para enredarnos en tus cabellos rojizos literarios, perdidos entre las líneas de emociones, tragedias, amores y personajes perfectamente delineados.

Que tal tu desespero??????

Sin duda la vida, y la comprensión del valor de la misma, es el elemento que nos dista de los demás seres...

Un abrazo, genial entrada ...
Siempre me confundo con el lugar de publicación, por ende mi comentario en tu blog , jajajaj

QUANTUM dijo...

A veces es difícil recibir o dar un elogio, puesto que uno a veces desconoce las palabras indicadas para expresar sin perder la humildad.

Mara Jiménez

En ésta lectura de mediodía; este post, me ha parecido muy hermoso.

Podemos pensar diferente, he cierto, no obstante es posible identificarnos con un mismo sentimiento. Y para mí, expresas muy bien el concepto del amor(en el más noble sentido de la palabra); primero expresas al amor como la expresión de dar, incondicionalmente; y como ejemplo el amor de madre. Una madre, más que ser buena madre, debe ser una persona feliz.

También expresas el amor de pareja, pero en una imagen que me hace imaginar que si fuésemos sólo ases de luz, entonces no importaría el cuerpo y como seres humanos, nos amaríamos sin prejuicios... fusionándonos en una luz todavía más intensa.

Un hermoso post, de verdad, GRACIAS. El amor mitiga el dolor de la existencia.

Mara Jiménez, disfrute el día.

ReD dijo...

woooooo... Impresionante. No paso a menudo por aquí, podría ser casi la primera vez, pero que grato entrar y toparme con semejante cuento.

Gracias

Sonia. dijo...

no habia dado cuanta de la sed que tenia de leerte hasta que me acabe este cuento sin detenrme desde el primer renglon...
ENOOOORME!!!!
Mi Mara Magica, eso haces Magia con las palabras y me encana!, es que no inventes estuvo bellisimo.. voy a llorar de la emocion y me quedo con la sugestion como siempre de ponerme un estetoscopio en la maceta a ver que pasa =0p
GRACIAS nena, de verdad muuuy, muuuy bueno!.

Jolie dijo...

"anormal".. pensé en ese adjetivo cada cuando miramos algo distinto o que no se ajusta a "la norma" y es cuando injustamente sobre estimamos ciertas cosas, cuestionamos y nos apartamos.

curiosamente la vida busca el camino y siempre nos sorprende y sin proponerselo siquiera hay quienes pueden salir al mundo, vengarse, mofarse o comerselo a grandes mordidas no importando sus propias limitaciones

Ana dijo...

tener el corazon en la cabeza... asi deberiamos ser todos... colocar primero los sentimientos verdaderos y bellos y luego los razonables... por que cuando piensas las cosas dos veces es cuando vienen los pros y contras...
tu historia es muy bella Mara y nos deja ver que del amor verdadero solo se pueden obtener seres que piensen con el corazón...
abrazos
=D

marichuy dijo...

Mara

A veces pienso con el corazón y entonces, yo, que lejos estoy (a cientos de miles de Km) de arañar unas gotas de sabiduría, siento que esa es la causa de mis desgracias. Será porque no soy zurda.

La niña de 39 semanas de gestación, zurda y más tarde escultora, me hizo pensar en Camille Claudel musa y artista genial, pero incomprendida por "rara" (ella también pensaba con el corazón).

Besos zurdísimos (que el corazón me late de ese lado, pues)

LUMPENPO dijo...

De filo, sin sobresaltos, desde el principio al fin como veloz ave que planea despacio, así fue la lectura. ¿Realismo mágico? no, mejor, mágica ficción, si. Eso es.
Morir de amor entre los dedos que aquí el corazón entiende de razones y el cerebro entiende de latidos. Raro ese personaje, sin enredaderas en la cabeza.

Saludos desde otras letras.

MauVenom dijo...

Me empieza a quedar claro que poco a poco desarrollo una locura en la cual creo obtener de los textos cosas diferentes a lo que toman los demás

pareciera que veo con una profundidad especial y me siento inusualmente identificado con el autor

quizá sea que mi empatía crece o solamente invento palabras que en realidad no hay

sin embargo no creo equivocarme cuando te digo que (sin restar mérito a ningún otro) es el mejor cuento que te he leído

de una sensibilidad enorme y de la cual es imposible abstraerse, metáforas bellísimas que no se me hubieran ocurrido y como siempre en tus letras con una dosis de realidad que hiere un poco

me acabas de hacer entender que tengo el corazón en la cabeza, del mismo lado y por eso quizá tantos dolores en mi vida

pero sigo buscando el remedio

Grande, Mara.

Beso

Mara Jiménez dijo...

Jess: Seremos raros??? No serán raros los otros??
Gracias a ti por dejarte llevar. Un beso.

Mara Jiménez dijo...

Houellebecq: Ese planteamiento es MUY personal, pero uno da a luz cosntantemente; a veces algunos monstruitos... otras rayos de luz. Gracias por tus comentarios.

Mara Jiménez dijo...

Ivanius: Es que a veces se pone el corazón gris y otras el cerebro rojo sangre... y pues ¿qué hacer? Mejor dejarse llevar. Conste que no me resisto. ¿Qué sería del amor sin Romeo y Julieta? Besotes.

Mara Jiménez dijo...

Potter: Dejarse enredar es la clave para no perder la capacidad de sorpresa! Por eso tu eres limpio. Gracias por seguirme leyendo. Te mando besos enormes. A veces la desesperación da frutos.

Mara Jiménez dijo...

Quantum: me sonroja que mi post haya provocado tan hermosa y profunda reflexión. Es verdad, no solo en el caso de las madres, nadie puede dar amor si no es feliz. Pero hemos de hacer de la tarea de buscarlo, algo interesante. Gracias mil.

Mara Jiménez dijo...

ReD: ¡Pues no pierdas la costumbre! Gracias por leernos y por tus comentarios. Te esperamos.

Mara Jiménez dijo...

Sonita: Póntelo... estoy segura de que eso que ves a través del lente de tu cámara está motivado por la misma razón. Gracias por extrañarme, y por darme el atributo de la magia... la que va a llorar soy yo! jejejejeje! besitos!

Mara Jiménez dijo...

Jolie. ¿Y quién determina lo que son nuestras "limitaciones"? Creo que solo nosotros mismos! Yo quiero ser anormal! Y sé que tú también. un beso!

Mara Jiménez dijo...

Ana: Es verdad... debiéramos anteponer nuestro sentir a nuestro pensar... lo que pasa es que seríamos tan vulnerables como hijo. Y creo que aún así, vale la pena. Muchas gracias por tus comentarios. Un abrazo.

Mara Jiménez dijo...

Marichuy: ¡A todos nos late de ese lado! Solo que hay quien se empeña en no escucharlo. Tu también llevas algo de zurda en tu haber... basta ver tu visión estética de la vida, y tu sensibilidad para describirla. Un beso grande!!!

Mara Jiménez dijo...

Lumpempo: me emociona la ligereza de tus pasos para recorrer este texto. No sé si es realismo mágico... Pero si te aseguro que me salió del corazón. Un abrazo.

Mara Jiménez dijo...

Mau: Duele mucho... pero hay que aprender a vivir con esa condición. No ves de más, lees en varios sentidos... y te aprovechas de mi! (jeje) Un besote my commander in chief.