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20 junio 2011

Trampa


Por GA


El zumbido del calor. La espera del insomnio. El zum desesperado, oscuro que escuchas en un ir y venir sobre el mismo espacio, con el mismo rumbo. Un zum al que no temes, sabes que el espacio al que se reduce, el hueco entre la ventana y la cortina, proporciona una celda suficiente para mantenerte tranquilo: sin movimientos bruscos, sin necesidad de comenzar una caza, ni siquiera precisas cubrirte con una sábana porque sabes que la causa de tu molestia se aferra a la luz que viene del faro de afuera; su cabeza choca contra el vidrio que no hace más que jugar con el ansia de libertad, de aire fresco que un cerebro tan pequeño como el de un mosco sólo alcanza a intuir, que busca sin tener claro lo que ansía, que responde por mero instinto. No pierde la esperanza aunque no encuentre otro camino (o sea incapaz de imaginar otro), mientras tú, ahí echado has perdido la esperanza desde hace mucho, al menos la esperanza en el futuro…aunque no puedes negar que aún confías en la gente…el zum del anhelo no se detiene, aunque ya no te parece tan esperanzador, se torna cada vez más agudo y desesperado, como cuando te embarcas en una empresa que sabes destinada al fracaso pero no te permites descansar...el zum no se permite paz aunque tal vez sabe que está perdido, que no hay remedio, que se condenó sin saber cómo ni por qué. Los moscos tienen cordura aunque su naturaleza la sepulta, demasiado frágiles, demasiado conscientes de su efímero paso, por eso no se rinde…el zumbido que no cesa y que está a punto de sacarte de tus cabales, lo único que puede ser capaz de moverte de tu cómodo lecho es la idea de terminar con tanta impotencia: abres la ventana o acabas todo de una vez y das la muerte…¿compasión?...zum de indecisión…necesitas tranquilizarte…vuelves a ser consciente de ti y de tu cuerpo porque el zum se detuvo de repente…traición…la luz del faro te deja ver que confiaste demasiado, que el escozor comienza a quemar, es cuando recuerdas que los moscos, nunca vienen solos.

6 comentarios:

LUMPENPO dijo...

No llegan solos llegan con piquetes y hacen roncha. Muy original este texto. Tan molesta la luz del faro como el pequeño mosco. Saludos.

Sonia. dijo...

"pobrecito del mosquito en un libro aplastado"... me hiciste recordar aquella cancion del mosquito bilingue, y es que en verdad son molestos son sobre todo para personalidades citadinas que hasta el "canto" de los grillos suele ser motivo de insomnio.

XD

Saludos!

Ivanius dijo...

Por eso hay que dejar, además de la ventana abierta, una rendija para la luz. Así, al menos será posible leer o imaginar si el zumbido de la imaginación nos picotea.

MauVenom dijo...

Mi zum es diferente pues tengo esperanza pero ya no confío en la gente

tiene lógica eso?

una particular cordura, me imagino, que mi naturaleza también sepulta... al menos ante los demás.

Los moscos suelen resptarme.

Abrazo

Jo dijo...

Todos tenemos algo que se necesita cuando todo se confabula para que no lo tengas o no lo encuentres, o lo pierdas

incluso eso que pica
arde o molesta

incluso eso que lastima...

GA dijo...

Lumpen:casi todo lo fuera de nuestra voluntad es una molestia, ¿no te parece?
Sonia, gracias, la canción es muy graciosa y tampoco la recordaba :D
I:
Como siempre, gracias, porque a veces se me olvida dejar una ranura como salida de emergencia.
Mau:
No hay coherencias, sólo lógicas diversas, aunque no creo por completo en el relativismo absoluto ;)
Jo: Totalmente de acuerdo, hasta lo molesto es necesario para saber que seguimos vivos.
Un abrazo muy grande a todos, gracias por acogerme en este espacio.