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31 marzo 2011

Do I have to let it linger?

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Por MauVenom

No es ni cercanamente la más importante, en todo caso es testimonial pero hoy que escuché esta canción (habrá sido la carretera o el aire en la cara que es rastro de plenitud), recordé el único momento de mi vida en que pensé todo sería perfecto, creyéndolo posible, impecable, como para otro mundo y no éste. Lo digo sin pesar hoy que ante lo global no hay lugar para el lamento propio, es más bien curiosidad, un humor que da el aguante y la sorpresa del mapa difuso.


Aún con el kilometraje era yo ingenuo, había bravura pero también una honestidad que no era lo congruente para el proyecto. Tuve suerte, llegué lejos, casi me cuesta la vida en varias formas y a pesar de mi irresponsabilidad se me permitió regresar al punto de partida con océano, ballenas y sol californiano en mi maleta. Lloré como imbécil aquel día metido en el mar con todo y ropa tratando de tragar el agua salada para llevármela dentro, no lo logré, se quedó y dio paso a una carretera que alargué semanas en las cuales vi a Dios en el desierto y la desventura de volver para ver morir a mi alma incondicional. Suerte tuve de ser tan joven y tan tonto.

Extinto a los 25 años y resurgido de la lava con rocas, fuego, violencia y lo que aplica, incluso el inicio de una vida antes desconocida con especies salvajes y vegetación intensa.  Así el destino se torció para mí, para el mundo y para Dolores O’riordan.

Sin dramas, ya lo he dicho, que aún en caos hay prioridades… pero es que a veces, raramente,  queda el recuerdo de lo que fui y de mi nombre, casi me ilusiono y para cuando asoma la tristeza regresa el semblante de los que salvaron mi vida y un geométrico por qué. El plan era imposible pero el brillo sigue fuera y dentro esperando que yo ubique mi camino.

Me ha sido dado cuanto he pedido, lo agradezco.

Hoy escucho el dictamen y me preparo para el plan B que debió ser A, secreto que comparto con una otredad menos densa que yo.  Me han dado el regalo de la paz, me costó desorden, todo el pavimento que evité para ir entre la breña.  Por supuesto quedan preguntas, eso y la energía de toro incontrolable a la que encontraré uso para combinar Tierra y universo.

Pero la verdad, volviendo a mi necedad, cuando se me fue el mar me morí un poco, he muerto otras veces antes y después, he nacido también pero tras esa falta hay una parte de mis ojos que dejó de ver. Por eso ya no me llamo como me llamaba.

Después volví para visitar el escenario de aquel sueño y había desaparecido, supe que lo sucedido tenía razón de ser, es sólo que aún recuerdo, vuelvo a caminar por esa playa y se repite el paraíso. Nada queda de aquellos días, sólo yo para contarles y esta canción que me devuelve un sol que se metió hace mucho tiempo.


Oh, I thought the world of you

I thought nothing could go wrong

But I was wrong, I was wrong


'Linger', The Cranberries - 1993




Imagen: Coronado Islands at Sunset
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28 marzo 2011

Dualidad


                                                               


Por Verónica Betancourt





Recuento de lenguas perdidas
La vida transcurre al par de mis labios
Sombra melliza



Raíz
Linaje quetzal
Piel jaguar, ojos papalotl
Guerra de vientres y grabados.
Mujer muslos cacao

Pies de piedra, pechos sal
Latente…


Hoja

Hebra grana
Mirada de asfalto,
Ruido de sirenas coloridas
Energía cúbica

Reflejo sobre agua futura


    Selva/mujer


Raíz
        Toca mi vientre
Lame sal de labios asfalto
Júbilo  luna mezcal
Ríos, luces  de sepulcro



Hoja lengua combativa
        Aprieta muslos, recorre ansiosa
   Abre flores, saborea la cordillera
        De  tu Raíz    abierta
Sudor de mil ojos

                Semilla

      Hoja  lamiendo dermis
      Raíz   eyaculando luz
                         
                  Existo
         
 
                                                                                                           Imagen y texto de Azuljazz      


                                                                                                               

24 marzo 2011

Temblando de miedo

Perdí la noción del tiempo.
¿Cuánto tiempo llevábamos en esta guerra interna contra nosotros mismos?

¿Uno? ¿Dos? ¿Cuatro? ¿Ocho? ¿Nueve? ¿Doce años?

Entré por debajo del láser que escaneaba a mi persona, miré a los guardias que me saludaban seria pero cortésmente, tomé el maletín que contenía mis documentos y apuntes, y me dirigí a la celda aislada a la que acudía cada lunes desde que empezó todo esto.

El sonido de mis tacones resonaba en todo el edificio en donde nadie más, ni siquiera las mujeres, usaban ese accesorio femenino.

- Buenos días consigliere.- Dijo el general en turno.

- Buenos días general.- Respondí sonriendo.

- ¿Cómo se ha comportado?.- Proseguí.

- Lo mismo de siempre, sólo habla con usted, y en cuanto termina su entrevista semanal, sus labios se cierran y se abren únicamente para alimentarse.

- ¿Qué es lo que está leyendo ahora?.- Dije mientras quitaba mi argolla, mis aretes y el broche de mi pelo.

- Hans Kelsen.- replicó el hombre uniformado que estaba parado enfrente de mí.

- ¿Otra vez?!?!.- respingué yo de manera extrañada.

- Ahora pidió la versión original en alemán.- Dijo él mientras yo iba dándole la espalda para entrar al cubículo donde todos los lunes, platicaba una hora con el hombre más peligroso y más inteligente de todo el país.

Entré al cubículo custodiado por cámaras y micrófonos.

Tomé asiento en una de las dos sillas separadas por una pequeña mesa de dos metros de largo, del otro lado y frente a mí, él se encontraba sentado, viéndome fijamente como desde el primer lunes en que inició mi investigación con él.

- ¿Teoría Pura del Estado, ah?.- Dije yo haciendo una ligera mueca de sonrisa.

- El siglo XX es todo de Alemania.- dijo él en ese tono elocuente que tanto me atraía.- Se elevó, se fue al inframundo, resurgió de las cenizas, fue al paraíso, volvió nuevamente a los dominios de Hares, y poco a poco, con método y constancia recuperó su honor.-

- ¿Y el siglo XXI? ¿A quién le pertenece?.- dije sin quitar mi vista de sus enigmáticos ojos oscuros.

- Si te digo por quién apostaría todo lo que tengo, no sería una apuesta equitativa, ya que es un volado donde no tengo nada qué perder.- Dijo él con su ironía tan característica.

- Todos tenemos siempre algo qué perder.- Respondí yo.

- Quizás tú tienes mucho qué perder, pero yo ya lo he perdido todo consigliere.- Dijo él en tono irónico, y antes de que yo pudiera proseguir, cambió radicalmente el tema.- ¿Por qué no traes puesta tu argolla?

Titubeé a dicha pregunta ya que en ningún momento observé que su mirada bajara a mi mano.

- No se me permite entrar con nada metálico.- Respondí extrañada.

- ¿Por qué tus ojos no brillan de manera diferente?.- Dijo nuevamente él mientras tomaba la conducción de la conversación.

- ¿Perdón?.- Dije yo sin querer responder algo que no debiera saber él.

- El hecho de que yo esté alejado de cualquier medio de comunicación consigliere, y sólo tenga acceso a las letras clásicas, no me impide proveerme de los medios de saber lo que necesito o lo que me interesa.- Dijo él fríamente.- Te recuerdo que estamos sumergidos en un mundo que yo diseñé, el caos del exterior es mi obra maestra, le aposté a las bajas pasiones de esta pútrida sociedad y no ha habido en toda mi vida, un sólo pronóstico mío que haya sido incorrecto, nuestra raza necesita una purificación, al igual que el mundo necesitó una purificación de la raza judía, con la diferencia de que nuestra aniquilación no vendrá por parte de una raza aria, sino de nosotros mismos. Sé muy bien que estás aquí como cada lunes, desde hace años, para investigar cuál es el botón que paralizará la guerra que está siendo librada allá afuera, pero me ofendes si crees que seré lo suficientemente idiota como para darte las respuestas que necesitas, aún y cuando sepas disfrazar muy bien tus preguntas. Si he accedido a hablar sólo contigo es porque tú misma eres la muestra de la pasión para mí, mis bajos deseos se ven saciados con tu presencia, tu mirada es la única interrogante para la cual no tengo respuesta alguna, y he llegado a pensar que en sí mismos, tus ojos son mi válvula de escape para no enloquecer entre estas cuatro paredes. Oh sí consigliere, tú eres la musa perfecta para mis fantasías, y por ende, la carnada perfecta de los endebles lidercillos de este país para que yo muerda el anzuelo y te prevenga qué es lo que viene.

Nunca había entendido cómo ese hombre había cometido tantos delitos graves, si parecía tan inofensivo y cuerdo.

- ¿Crees que tu próximo matrimonio iba a ser una noticia ajena a mí?- Prosiguió él.- ¿Realmente lo creías? Eres la mujer más famosa de este país consigliere, no hay un sólo paso tuyo que no esté vigilado día y noche, ¿Qué tiene ese hombre que te ha hecho elegirlo de entre todos los que estamos prendidos de tu encanto? ¿Tiene algún destello de inteligencia? ¿Tiene lucidez o claridad mental? ¿Te hace estallar en la cama?..... ¿Y sabes por qué me causa tanta intriga consigliere? Porque el brillo de tu mirada ha sido el mismo con el que has entrado en este cuarto desde la primera vez, porque conozco claramente la manera en la que una mirada brilla cuando hay euforia detrás de ella, lo cual me hace apostarle a que no estás siendo honesta con el siguiente paso que habrás de dar, y te repito, yo nunca he fallado en ninguna de mis aseveraciones hipotéticas.

Me quedé petrificada escuchando atentamente cada una de las palabras que él pronunciaba. No podía creer que ese edificio de "alta seguridad" tuviera gente que creyera más en ese hombre que en el Estado.

De repente tuve la sensación de que todo lo que yo había hecho en esos años desde que entré a trabajar para el Gobierno Federal, era simple y sencillamente tiempo tirado a la basura.

Volteé a verlo nuevamente, por unos instantes todo lo que él representaba era más atrayente que lo que yo misma era parte.

Me puse de pie y caminé hacia él.

Miré hacia las cámaras de seguridad y di la indicación de que desactivaran los campos de seguridad de él para que pudiera ponerse de pie.

Al ver que mi orden no era acatada, les recordé mi investidura y los campos fueron desbloqueados.

Él observó cuidadosamente todo lo que había sucedido, se puso de pie, y en un rápido movimiento, se colocó detrás de mí y me sujetó de la cintura.

Pude ver que detrás de los cristales todos se ponían de pie, a lo que yo indiqué que siguieran en su lugar.

Sentí la manera en que su respiración se impregnaba en mi pelo y su tacto fuerte sometía mi anatomía.

- Tu compañía es lo único que puedo perder.- Dijo fríamente él.- No tiembles consigliere, a ti nunca te haría daño.

Y sin que mi mente coordinara mis palabras, mi piel se conectó a mis labios y pronuncié quedamente:

- No estoy temblando de Miedo.-  

21 marzo 2011

17 marzo 2011

Medicamentoso





Por Mara Jiménez

Aspirina, o ácido acetil salicílico para quitarme de encima la pesadez de sangre que tu paso deja tras de sí, a lo mejor fluya más la vida por mis venas.

Butilhiosina, para evitar esos calambres estomacales que me acometen cada vez que tu voz estruendosa resuena en mis vísceras con tu famoso “adiós”, que no deja lugar al “hasta pronto”, ni cabida a la pregunta de “¿hasta cuándo?”.

Captopril, para relajar la tensión y sentir que el corazón no se me va por el pecho en la soledad de la cama interminable.

Dalacín emulsión cutánea al 1%, que me evita ver las laceraciones que exhibe mi piel ajada, después de los pellizcos feroces que acompañan a la duda de llamarte o no. Con la misma mano que sostengo el teléfono, voy enterrando mis uñas para castigarme, por débil.

Ergonovina, en dosis suficiente para evitar que mis lunas periódicas entorpezcan tu pasión; ya me las arreglo yo después con el desajuste… a solas.

Fenilefrina oftálmica, pues la rojez de mis ojos son pruebas de mis lágrimas “por gusto”, como tú las llamas, y no quiero que te molestes una vez más.

Gabapentina de 300 mg, pues tengo pudor de que algún día mi amor se derrame sobre ti en forma de una convulsión inoportuna.

Haladol o haloperidol en su forma genérica, que apacigua mis sentidos y me regala unas horas de dormir profundo, sin soñar contigo ni con nadie.

Indometacina, para desinflamar los sentidos y sentires, y poder aparentar que nunca te esperé.

Ketotifeno, para el asma y la falta de aire que me da tu indiferencia.

Levamisol, para evitar que los sentimientos parásitos se instalen entre nosotros.

Medroxiprogesterona, evitando así procrear tu ser, y sentir tu vida para siempre en la mía.

Nicotina, prendo este cigarro para seguir esperando sin temblar. No has llamado, ni sé si llegarás.
Omeprazol, que calma mi estómago y los ácidos buches que suben a burlarse de mi amarga situación.

Penicilina inyectable, pero mejor tomarla, no sea que me pudra en esta espera.

Quetiapina, pues al final puede ser que ese psiquiatra haya tenido razón; es más, doblaré la dosis a su salud.

Quetiapina, dos más para brindar por la próxima hora que se me escapa esperando tus manos.

Rimonabant, que controla la glucosa y me quita el hambre. Guardo tu cena como la ambrosía de los últimos dioses.

Quetiapina, antipsicótico de amplio espectro para el tratamiento de cuadros de psicosis agudas y crónicas incluyendo la esquizofrenia y el trastorno bipolar… quedan dos más en la caja y una botella de vino me sonríe amistosa… creo que dormiré ...

Cuando llegues, despiértame si puedes.

14 marzo 2011

Remontadas

por Ivanius
Pensamos el silencio como ausencia
porque no es voz, pero nunca lo escuchamos.
Tan ahítos del hoy y su estridencia
no sabemos cómo extender las manos.

Renuncia al enunciado, no a las letras:
allí será el silencio productivo,
sentirás al yo no-muerto vivo
y mejor amueblada tu azotea.

No lo digo "de gratis". Yo lo vivo
"para encontrar a este mi mal remedio":
ha tiempo decidí que huir del tedio
sólo se logra renunciando a ser cautivo.

No sé del cielo más que lo que miro
pegando saltos desde este suelo mío:
me lleno de aire-aliento y me elevo
más allá de los tropiezos y del frío.

"Remontadas" Poema de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Wikimedia Commons

03 marzo 2011

la última noche

mujer abstracta, elena ray 

 
La última noche vimos una vieja película mexicana tan simple como divertida. Y para acompañar nuestra risa desternillada, casi catártica, comimos algo diferente a las típicas palomitas de maíz: jugosos y crujientes duraznos amarrillos. No uno ni dos. Creo que durante la película nos comimos casi un kilo de esos frutos. Extraña botana para acompañar las aventuras de una peculiar abuela provinciana, matriarca y patriarca al mismo tiempo, quien con la misma fruición que fumaba habanos, le rezaba a la virgen y cada dos por tres zumbaba a bastonazos a sus nietos ya bastante mayorcitos. Le encantaba esa película. Un aspecto que jugaba a favor era el contraste ofrecido a sus habituales lecturas, casi todas centradas en la novela decimonónica rusa, francesa e inglesa. Así que frente a historias intensas y casi siempre trágicas, la atípica cabecita blanca interpretada por Sara García devenía una especie de respiro. Reímos tanto durante la película, que cuando finalmente nos fuimos a dormir lo hicimos, literalmente, con una sonrisa en los labios. Lo recuerdo con absoluta claridad. Todo. Su risa y la mía, los gruñidos de Sara García, la simpleza del guión fílmico. Hasta el ligero calor nocturno legado por la incipiente lluvia. De aquellas risas despreocupadas, cómplices y desnudas de artificios, sus últimas risas, nuestra última película compartida, sólo me queda el recuerdo. Nada. En nuestras vidas no pasaba nada inusual. Eso creíamos. Y de repente todo pasó. En un dos por tres, nuestra querible rutina de noches de lectura alternadas con otras de películas se vio alterada para siempre. Más que alterada, eliminada definitivamente del cambiante e inacabado guión de nuestras vidas. Todo cambió. Y vino el azoro, la negación a aceptar la verdad, la rabia contenida, la impotencia gritando desde el centro de mi estómago. Las noches se volvieron tristes, su cama se quedó vacía y la mía se quedó sin mí durante las semanas en que jugamos a creer que la ciencia serviría de algo y yo me mudé al sofá contiguo a su cama en ese hospital.

¿Cuánto tiempo ha pasado? Algunos años que a veces me pesan como siglos y otras me duelen como una herida recién abierta. La memoria es tan ingrata como compleja y así como nos juega malas pasadas volviendo invisibles ciertos pasajes de nuestras vidas, es capaz de devolvernos otros en el momento más inesperado. Esto que acabo de contar, había decido dejarlo guardado en el rincón más lejano de mi tramposa memoria en un acto –pueril- de defensa propia. No quería recordar lo que siguió a esa última noche feliz. Quería olvidar los días de tensión, las horas en la sala de espera del hospital, la cara del Médico dando el diagnóstico definitivo. Olvidar mis noches de enojo reclamando a la nada por semejante injusticia. Como todos, yo también pregunté por qué, habiendo tanto malnacido en este mundo, la desgracia venía a caer sobre ella. Como todos, yo también aprendí que reclamar tal cosa era no sólo un lugar común demasiado gastado, sino también una completa inutilidad.

Creía haber olvidado la rabia y la impotencia. Y no. Anoche, mientras leía una historia ajena y distante, recordé todo y de súbito me vi aquella fría mañana, cuando tras escuchar al Médico decir "cáncer de páncreas, fase terminal", olvidé que las "señoritas decentes" no hablan como carretoneras y sin más solté un espontáneo pinche vida de mierda… Sólo que anoche, en lugar de increpar a la vida, dirigí una sarcástica sonrisa a mi caprichosa memoria… Esa gran traidora, como dijera Anaïs Nin.

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