08 agosto 2013
Querido:
08 octubre 2012
Carta a un amor desigual
Hoy que de nuevo nos hemos vuelto distantes y aburridos, no he dejado de pensar en ti como sé nunca lo haré. Volveré, como antes fue y de más valor es aceptarlo hoy que esperar hasta ese día y llenar de nuevo mi alma de confusión. Porque aunque no te entiendo y taimadamente me has hecho a un lado, siempre en esta relación resulto absurdamente agradecido, sumiso. Por otro lado cansado y harto.
Ya te he dado las gracias. Hoy no.
Porque no olvides que me has quitado el ensueño y te llevaste el amor dejándome en el pecho sólo un ansia de confort, de tener seguro lo que tú me hiciste sentir pero que a cada final te negaste a dar. He alzado una pared que parece no voy a poder tirar y con cinismo decidiste permutar mi devoción por esta madurez que hoy nos estorba a los dos para cumplir nuestros deseos.
¿Ganas algo con esto?.
Porque en algo sí perdiste. Muchos como yo te leen, escriben y te recorren justificando los defectos. Pero hoy ya me aburrí… aunque no te importará.
Pensando en la razón por la cual mis tribulaciones no se van y dejando de lado mi razón.
Cuando esté cansado y mi mente no ocupe este lugar. ¿Estarás ahí?.
Relación sí hemos tenido, pero sin justicia ni equidad. Yo tonto llegué a pensar que eras mía, no fue cierto nunca. Y lo he enfrentado para tomar otro camino tantas veces como éste se me trunca y un nuevo aviso ofrece algo por lo que pareciera vale la pena regresar. Y me creo y te vivo. Y terminamos otra vez.
Me has llenado la boca de placer y el corazón de desconcierto. Te has llevado mis lágrimas como en esas historias que me cuentas y en las que soy el héroe invencible del último capítulo. Me he sentido amar. Me enseñaste a besar... quizá por eso.
Me diste el regalo de descubrirme sucio y obsceno. Me ofreciste la contradicción de una certeza religiosa que perdí y no volveré a encontrar. Me regalaste la imagen y me quitaste el ánimo de seguir al descubrir tu obscuridad.
No me hables de amor, tú no sabes amar... Pero descubro que nada has dicho y mi impaciencia por tener todo de ti me hizo escuchar palabras donde no.
Entonces, por qué cuando ya lejos, encuentras como continuar.
No eres tú lo primero que sentí, que probé. Eres, sí, quien me tomó y me hizo a su manera. Una forma que desconozco y sin embargo resulté ser. El monto de tu rara belleza y tu vulgaridad violenta. Traducción de la palabra Destino en una condena inentendible. Una pregunta constante que de entrada me niega la satisfacción de revelar.
Me he sentado en un café con un libro que no he de abrir para verte pasar. Aprendo cosas y te distingo. Cada cara, toda una crónica, las sonrisas, llueves... ¿Y yo?. Con un extraño placer por compartirte que es la parte más excitante de tenerte. Cosa rara, algo entre los dos que no está mal.
Me convulsionas hasta el crimen y de la nada vienes, me rescatas y reinventas una vida al ofrecer encanto que al final se irá, inevitablemente, y me dejará sin respirar.
Tu ilusionismo me abruma. Me aturde. Me desequilibra hasta perder. Y avanzaré.
De todo el mundo y las cien ciudades que he aprendido a caminar, ni siquiera fuiste tú la del principio o la de en medio. No sé la del final. Pero resignado a tu atrocidad, aún sorprendido por tu oferta y reinvención, ciudad, ¿hay quien te pueda volver a conquistar?. Yo no pude. Estaré pendiente para verlo.
Así va la cosa, lo sé.
Nací en la Ciudad de México
e inmediatamente me alejaron
después regresé
desde entonces este vínculo
de pasión y negligencia
de respeto y olvido
de ida y vuelta
11 enero 2010
Guerreros en tránsito.

Son dos guerreros nacidos del amasijo de la sal, el sol y el viento; debe ser por eso que el mayor, lleva el color del mar estampado en los ojos, y la nostalgia del que sabe que lo despedirá pronto, en la expresión de su mirada, también debe ser por eso que es tan alto… pues desde ahí vigila el avistamiento de el vaivén azul; debe de ser también por eso que al otro se le enredaron dos mil caracoles en el pelo, y el viento le ha rizado las pestañas hacia arriba, buscando la dirección de sus rizos interminables, su sonrisa serena, curvada hacia arriba, es como una brisa suave que acaricia la vista.
Mis dos guerreros partieron un día en una aventura que a los oídos de cualquiera sonaría descabellada. Abandonaron la sal, el viento y el sol, por extensiones amarillas, oreadas y de reflejos desérticos. Por polvos de miles de años de historia que encerraban en sus puños, heredada de sus antepasados. El mayor iluminó el dorado de las arenas con su mirada azul; el menor avergonzó a los brillos del tiempo con el reflejo de su sonrisa, y llevó los sonoros acordes de un tambor ancestral, mitad africano, mitad nostálgico e hizo balar a los vientos a su capricho. Sin embargo el destino no había terminado aún de trazar caprichos en las líneas de sus manos, y decidió lanzarlos al cielo nuevamente.
Cambiaron los dorados por los blancos de una nieve persistente y mustios rayos de sol, de esos que prometen primaveras verdes en el hemisferio norte de la parte occidental del planeta donde mis guerreros habitan.
Pues bien, pequeños míos: No sé de cierto si el viaje ha terminado, no sé por cuales parajes vaga su alma de niños en este momento, después de haber visto tanto mundo con tan atentas miradas. No sé qué extrañas lenguas quieran olvidar o cuáles se les antoje aprender para fundirse con la nieve y el concreto que los rodea. Sé de cierto que al pie de su ventana, los curiosos pinos murmuran su nueva presencia, y se congratulan de tenerlos cerca, escuchen atentos cuando sople el viento, para que descifren sus cuchicheos y sus risas, esto les dará fuerzas.
Yo, por mi parte, los he acompañado en su aventura, más modesta y tímida, y sin la valentía que ustedes han demostrado, aprendiendo de su fuerza y entereza. Es por eso que quiero darles un regalo; no estas letras, que no son más que producto de la inspiración que provoca ver a los nuevos guerreros del mundo… no… próximamente, me juego una carta para acercarlos al amor. No puedo dejar de creer que el viaje es más ameno cuando se hace acompañado.

