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01 marzo 2012

dormir, tal vez volar...

por marichuy

Volar dormida. De niña no soñaba con ser princesa o reina de belleza. Tampoco con caballeros montando blancos corceles, que sorteaban infinidad de peligros para rescatarla de alguna torre suspendida en la colina del horror. A cambio de esas fantasías, su sueño más recurrente, incluso más allá de la adolescencia, era volar. Ella soñaba que volaba y que en su vuelo podía mirar hacia abajo y ver su cuerpo mientras dormía, como si solo una parte de ella se desprendiera dejando otra sobre la cama. Como si su cuerpo se desdoblara, a manera de protección-coartada, por si alguien la buscaba no notara su ausencia. Volaba pero no tenía alas, al menos nunca se vio con alas. Pero si era "consciente" de una sensación maravillosa: flotar y desplazarse al mismo tiempo. Fue su sueño favorito en la niñez y temprana adolescencia y aun cuando su duración era relativamente corta [si es que resulta posible mediar la duración de un sueño], hubo noches —las mejores— en que el vuelo se prolongó durante un largo rato [o al menos así lo sintió ella.]


Lo que nunca variaba era la forma de terminar: un ligero sobresalto le anunciaba el inicio del descenso. El vuelo estaba por llegar a su fin. Descenso a manera de retorno. Lenta caída que terminaba justo al sentir el leve golpeteo de un pie sobre el otro y con ello el inevitable y cruel despertar. La mejor parte de su sueño, además de la indescriptible sensación que le producía el poder mirar su cuerpo sobre la cama, era que al volar podía ver paisajes extraños, bosques algo obscuros, el mar... y la soledad. Y es que nunca se soñó volando con alguien más; ni tampoco miró a nadie más que no fuera ella.

Alguna vez le platicó de sus sueños a Carmelita, excéntrica mujer, vecina y amiga de la familia con quien acostumbraba platicar con ella y a quien debía el obsequio de hermosos libros de cuentos. Después de escucharla atentamente, Carmelita dio su veredicto: ese sueño representaba su inocencia y mientras ella no perdiera la inocencia, el sueño acompañaría todas las noches. Y no obstante que ella salió de la niñez, pasó por la adolescencia y finalmente la dejó también, siguió volando por las noches; aunque cada vez de manera más esporádica. Así hasta que una noche, desapareció por completo aquella indescriptible sensación de desprenderse de su cuerpo y surcar los aires sin miedo, ni paracaídas o red de protección.

Aún ahora, años después de aquella platica, ella sigue cuestionándose sobre la desaparición de ese sueño y su relación con la pérdida de la inocencia. Determinar cuando ocurrió. En ocasiones piensa que ya no le queda ni una gota; pero en otras, está segura que en algún lugar recóndito aún guarda algo de aquella niña que no conocía ni imaginaba la desconfianza o el miedo, ni, mucho menos, la malicia. Y cuando está en plan positivo, piensa que todavía volver aquellos vuelos nocturnos. Será cosa de apapachar lo que queda su inocencia, se dice, para volver a flotar y desplazarse, mientras su cuerpo permanece en la cama durmiendo... para que nadie se percate de su ausencia...

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la libertad es alas
es el viento entre hojas, detenido
por una simple flor; y el sueño
en el que somos nuestro sueño;
es morder la naranja prohibida,
abrir la vieja puerta condenada
y desatar al prisionero:
esa piedra ya es pan,
esos papeles blancos son gaviotas,
son pájaros las hojas,
y pájaros tus dedos: todo vuela.

—Octavio Paz
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10 comentarios:

Jo dijo...

soñar... escribir

El Joven llamado Cuervo dijo...

Escribo, porque cuando escribo me siento volar.

malbicho del fanzín dijo...

tambien lo decía neruda:

"el mundo es una esfera de cristal,
el hombre anda perdido si no vuela
no puede comprender la transparencia"

virgi dijo...

Entre vuelos y sueños, escribo.
Besitos otra vez.

LUDA dijo...

*
Ella quería volar sobre el mar que imaginó
una tarde de paréntesis que aún le envidio

Ella quería extender su cuerpo contra el aire

dormir y continuar viajando
gritar y arder sobre las piedras

quería permanecer
en la luz precisa
que enciende los cuerpos sin tocarlos


Supondría yo que la muerte libera
que permite trascender a los desastres

y ante la imposibilidad
mi voz es un reclamo

Ella no vuela
no sabe llegar a donde el mar

Está olvidando qué quiere creo
y no es eterna
ni sonríe

Algún camino debería extrañarla
Sería lo justo

o sería más que este llanto intraducible

o tal vez supongo nuevamente
ella querría.

QUANTUM dijo...

Bienaventurados todos los soñadores, porque ellos podrán surcar el viento.

[...la playa...]

MauVenom dijo...

Conozco la sensación de volar. Me ha pertenecido algunas noches. Sin miedo y sin riesgo.

Pero no ha tenido nada que ver con inocencia (evidentemente), más bien con plenitud, con aceptar una naturaleza tan obscura como luminosa.

Hermoso post, Mari.

Besos.

La abuela frescotona dijo...

creo que no soy nada inocente...
pero aun sueño que vuelo

escribo,creo, por que añoro las cosas buenas y felices del pasado, deseo trasmitir que no siempre vivir fue tan difícil, que hubo una infancia donde muchos horrores que se suceden hoy, antes no se conocían, por que me gusta hacer soñar con historias chiquititas que pudieron suceder a cualquiera dejandole un lindo recuerdo

escribo, por que SI
abrazo Marichuy

Cuentos Bajo Pedido ¿Y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Pájaros que vuelan tus dedos....
y escriben

Jo dijo...
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