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13 diciembre 2010

ella se fue

por  marichuy 


En el principio fue el habla. Más bien los gritos. Aislada en aquel cuarto situado al final del corredor, Alejada de todo y de todos, el instinto de supervivencia dotó a sus pulmones de una fuerza que nadie habría creído posible en su pequeño cuerpo de 18 meses. Y ahí estaba ella: primero gritando sólo cuando su hora de comida se pasaba sin que nadie le levara su biberón; para después alternar los llamados en pro de la alimentación con otros cuyo motivo nadie sabía definir: no eran enojo o llanto -de hecho no lloraba nunca… ni siquiera cuando tenía hambre-, más bien parecía un llamado de atención, una forma de recordarles que allí, en esa habitación del fondo del corredor, estaba ella… por si lo hubieran olvidado el resto de os habitantes de la casa, demasiado ocupados en sus cosas como para hacerle compañía al mimbro más pequeño de esa familia tan numerosa como excéntrica, que parecía haber olvidado cómo tratar a un bebé , pues salvo que llorara se desentendían por completo de ella. Así que no le quedaba más remedio de dar de gritos de vez en vez… nomás para que no se olvidaran de su existencia. Yo la conocí en mi adolescencia, durante mis vacaciones de verano en aquel pueblo, la tarde que llegué de visita a su casa acompañando a mi abuela. Nada más entrar, escuché sus gritos desde el cuarto del fondo del corredor, desacostumbrada a los disimulos no puede evitar preguntar quién era ese bebé con tan buenos pulmones, a lo cual la anfitriona respondió: "es Lucía que se harta de esta sola y quiere que alguien le vaya a hacer plática". Y yo, que tampoco conocía la prudencia, pregunté si ese alguien que le hiciera la plática podría ser yo, a lo cual la dama contestó casi aliviada que sí. Y así fue como se inició mi "amistad" con esa niña de grandes ojos y potentísimos pulmones. Pasé todo mi verano yendo cada día a platicar con una bebé de 18 meses, al principio no entendía qué quería, pero poco a poco aprendí a interpretar cada uno de sus gritos, a diferenciar sus necesidades, a saber que cada gritillo perseguía algo distinto: a veces reclamaba comida, otras sólo deseaba que le acercara algún objeto y en ocasiones lo que quería era que le leyera un cuento. Como esto último era a mi libre albedrío, casi siempre le leía Rapunzel pues según yo con ese cuento era con el que más inquieta y risueña se ponía (quizá sólo era mi imaginación), abriendo desmesuradamente sus redondos ojos, como si entendiera la historia, como si ella fuera Rapunzel a la espera del príncipe. Yo carecía de experiencia para cargar bebés por lo que evitaba tomarla en brazos, pero conforme transcurrían mis días de niñera voluntaria también a eso le perdí el miedo y empecé a cargarla para sacarla al jardín o cuando menos asomarnos a la barranca desde el gran ventanal de su cuarto. Siempre me intrigó que a esa edad Lucía ni siquiera gateara, menos que diera sus primeros pasos. Una tarde mientras la tenía en brazos frente a la ventana estuvo a punto de caérseme. Jamás olvidaré el hueco, la sensación de vacío en mi estómago, al sentir que se me iba de los brazos. Afortunadamente todo quedó en susto. Curiosamente, fue esa tarde cuando la niña me pareció todavía más distinta a los bebés de su edad: durante la fracción de segundo en que casi la pierdo no hizo ningún intento por llorar ni siquiera una expresión de espanto, al contrario sonrió con más fuerza, como si disfrutara del momento (y de paso mi susto). El verano siguió su curso, el término de mis vacaciones llegó y con ello el final de mi experiencia como niñera. Mi último día en el pueblo fui a verla e intenté hacer un rato divertido, pero ella estaba extrañamente callada, casi no sonrió y por primera vez en todo el tiempo que llevaba visitándola, se quedó dormida a la mitad de la lectura del cuento. Nunca más la volví a ver.

Años después, dejada atrás mi adolescencia, volví al pueblo de mi abuela durante un puente vacacional y, claro, quise ir a la casa de Lucía. Sin más hacia allá me dirigí. Cuando estuve frente a ese viejo portón con herrajes antiguos, lo primero que vino a mi mente fue la tarde cuando estuve a un tris de tirarla, después… la historia de Rapunzel. El portón fue abierto por su madre, quien me invitó a pasar y una vez dentro ocupó un largo rato en contarme cantidad de anécdotas pueblerinas, hasta que por fin me animé a interrumpirla y preguntarle por Lucía. La mujer me miró como si le hablara en latín antiguo y tras unos minutos de duda, reflexión o sabe Dios qué, y como si me dijera el estado del tiempo, me respondió: Ah, Lucía se fue. Se fue ¿a dónde? fue mi obvia respuesta, ante la cual, sin cambiar un ápice la expresión de su rostro, ausente o desinteresada, la mujer contestó pues así sólo se fue: una tarde fuimos a pasear por los alrededores de la barranca, en algún momento yo me quedé dormida mientras leía y cuando desperté la niña ya no estaba. Desde ese día nunca más la volvimos a ver. Me lo dijo así, sin mostrar emoción alguna; tal vez el dolor la había vuelto inexpresiva. Yo quería seguir preguntando pero algo de prudencia había aprendido, así que tras unos minutos de silencio me despedí de ella. Más tarde, ya en casa de mi abuela, supe que efectivamente la niña se había esfumadoaquella tarde en la barranca y que jamás se supo bien a bien si murió, si alguien se la robó o qué. Nada. Al fin pueblo supersticioso, hasta se rumoraba que los chaneques* se la habían llevado. Al escuchar esas historias sentí pena por aquella niña de enormes ojos y potentes pulmones y ya contagiada de insensateces quise creer que tal vez en efecto algún chaneque se la había llevado. Era eso o pensar en el tráfico de niños... o en algo peor..

***

imagen: Anne Julie Aubry. Más de la artista aquí: http://www.annejulie-art.com/


***

11 comentarios:

José dijo...

Alguien se comió dos l y una e.
El principio me recordó el inicio de El Perfume, lamentablemente no le diste más historia a Lucia y su
final tan triste por incierto, deja un sabor de intranquilidad e incompletitud. Nunca un niño debería irse.

Abrazos grincheños

malbicho dijo...

qué doloroso, desde el título ya anuncias su ausencia, presente desde la indiferencia de los demás, no sé por qué, pero desde el principio estuve recordando un documental de una bebé china, llorando desconsolada en una mesa, abandonada y desatendida por sus familiares que comían en la habitación de al lado, siguiendo con su vida mientras la dejaban morir

esperemos que haya sido Lucía la que haya elegido irse en busca de una mejor familia

virgi dijo...

¡Jo, no me esperaba ese final!
Sus ojos grande me la prepararon para otro futuro. Me entristeció su desaparición o quizás ya sabía ella desde su nacimiento que aquel no era su sitio.
Muy bueno, querida Marichuy.

Mariano Magnifico dijo...

Uy, siento el dolor mismo. Buen efecto. Saludos y felicidades.
Mariano

Gabriel dijo...

Al fin y al cabo, por qué no creer una hermosa mentira antes que una dura e incierta realidad. Excelente historia con un buen arranque. Tal vez pudiera haber una oportunidad de entremezclar más a fondo fantasía y realidad, aunque por supuesto, tampoco hay nada que objetar. Tengo la sensación de que se respira en todo el relato una cierta atmósfera fantástica, seguramente acentuada por el ambiente rural, tan evocador en ese sentido.

Creo que ficción y realidad siempre van de la mano cuando contamos algo. Sospecho que, paradójicamente, lo ficticio es lo que hace que lo real parezca más real cuando lo contamos.

Me ha gustado :) Gracias por compartirlo.

JUAN CARLOS MC.DONALD dijo...

WOW!!!!!! EXCELENTE TU BLOG, GENIAL ESTA ENTRADA!!! DE VERDAD TE FELICITO, ME GUSTA EL CONCEPTO QUE LE IMPRIMES A CADA DETALLE Y TE INVITO A QUE TE PASES POR MI NOSTÁLGICO, OSCURO, TRISTE Y DEPRESIVO BLOG DE INVIERNO BIPOLAR PARA QUE ME DES TUS MAS SINCERAS IMPRESIONES AL RESPECTO. DESDE HOY TE SIGO. TE ESPERO POR EL MIO ...

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MauVenom dijo...

Traté pero no pude

no evado el vacío que desde el principio me da tu relato cuando pienso en esa pequeña sola

y esa desaparición que parece casi esperada por su familia... deja espacios abiertos para pensar demasiadas cosas

yo también prefiero pensar en un chaneque antes que en otra cosa.

La vida es a veces, muy dura.

Besos

MauVenom dijo...

Traté pero no pude

no evado el vacío que desde el principio me da tu relato cuando pienso en esa pequeña sola

y esa desaparición que parece casi esperada por su familia... deja espacios abiertos para pensar demasiadas cosas

yo también prefiero pensar en un chaneque antes que en otra cosa.

La vida es a veces, muy dura.

Besos

cien veces no debo dijo...

y por qué no pensar en que le podría suceder algo mejor? ;)

chilangoleon dijo...

de=donde=sacaron=esa=letra=de=maquina=de=
escribir?=me=gusta=para=otro=blog=
espurio=que=apenas=voy=a=iniciar=un=dia=
antes=del=fin=del=mundo=pasenme=la=liga=
no?

chilangoleon dijo...

gachos=(y=fresas)