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11 octubre 2010

etapa superior

por marichuy  

Las familias felices son todas iguales. Las infelices lo son cada una a su manera. 
(Leon Tolstoi, Ana Karenina)

Aquel mediodía, Sara -de 35 años- entró en mi oficina como si una fuerza extraña la impulsara a moverse. Caminaba con determinación, pero, al mismo tiempo, parecía no ser ella quien controlara sus vigorosos pasos. En ese tiempo, yo detentaba el cargo de consejera al interior de una atípica ONG que lo mismo se ocupaba de brindar apoyo social y orientación legal a adolescentes y adultos en problemas, que a enarbolar banderas ecologistas. En mis inicios en dicha ONG, me trabajo consistía en atender a las víctimas o denunciantes de delitos ecológicos, pero tras la resolución de un par de casos algo complicados que me tocó atender, la Presidenta de la ONG decidió que lo mío… eran los casos perdidos. Sólo a alguien demasiado insensato, o extremadamente optimista, podría habérsele ocurrido que yo era la persona indicada para escuchar y aconsejar a las almas en pena. Pero así fue. Y así fu como yo, que no sabía si agradecer o maldecir por tal encargo, de un día para otro me encontré escuchando penas ajenas y tratando de poner cara de circunstancia, antes de soltar de mi ronco pecho algún rollo ad-hoc, medianamente coherente, pero lo más distante posible del discurso a lo Caldo de pollo para el alma que tanta alergia me causaba. Una vez dentro, Sara tomó asiento frente a mí y acto seguido, casi sin mediar respiro, desgranó una historia de amor y desengaños tan parecida, y a la vez tan distinta, a las muchas que a esas alturas de mi encargo yo había tenido la oportunidad de conocer. Tras escucharla hablar sin parar durante casi una hora, apenas haciendo pausas para dar sorbitos al vaso con agua que yo le había ofrecido, la mujer dio un primer respiro-suspiro hondo, tras el cual me miró fijamente para luego guardar silencio como diciéndome: ahora te toca. Vaya cosa, pues en ese momento era yo quien más necesitaba un respiro antes de poder balbucear algo, después de haber sido bombardeada con semejante vendaval de detalles de su vida marital. Cierto que su historia era la misma historia de amor-desengaño-desamor que ha conocido la humanidad desde tiempos inmemoriales, pero la fuerza con la que la había contado, apenas acompasada por el brillo de su mirada y el hecho de que en ningún momento se hubiese interrumpido para auto-conmiserarse y menos para romper en llanto, le conferían un cariz distinto, obligándome a dejar los apapachos verbales justo a un lado de la caja de Kleenex, pues esta vez salían sobrando: la mujer no había venido que le enjugaran las lágrimas  

-No sé qué decirte: tú no buscas un consejo ni ayuda para tomar una decisión, al parecer ya tomada. Lo que no entiendo, permíteme que sea claridosa, es para qué has venido aquí, a donde normalmente acuden mujeres hundidas en la desolación que no pretenden mayor cosa que un poco de consuelo, una voz amiga, quizá cierta complicidad.

La mujer sonrío, me miró con un dejo de simpatía y sin preámbulos me dijo:

-La verdad es que vine aquí porque en medio de mi drama hay dos cosas a las que no estoy dispuesta: una es la conmiseración de mis familiares y amigos, no sin el aderezo de sus bien intencionados consejos abogando porque yo demuestre el temple de las mujeres aguantadoras y deje pasar esta -nueva- humillación e infidelidad propinada por mi sacro marido. Y la otra, no me da la gana –como me aconsejan otros- ir a ver a una sicoanalista, delante de la cual habré de hablar mientras ella me mira con displicencia. No. Yo no necesito que me terapeen. Lo que necesito es que alguien ajeno a mi historia me escuche y, tal vez, emita alguna opinión. Estoy dolida, no lo niego, pero es más el enojo que el dolor. Y eso es lo que me ayudará a salir más rápido, pues el enojo es la etapa superior del sufrimiento.

Ya plenamente instalada en su etapa superior del sufrimiento post-engaño, Sara me contó el único detalle que hasta entonces había omitido: El coraje de Sara no se debía a que su marido, un conservador Pastor de la Iglesia Evangélica…. mujeriego sin remedio, le hubiese pintado nuevamente el cuerno (o ya se había acostumbrado a tales aventuras sacras o  él ya no le importaba). No. Lo que realmente le molestaba es que esta vez, en lugar de enredarse con alguna beata de su Congregación, su santurrón marido hubiera escogido a una rubia oxigenada de pechos operados, a quien a leguas se le notaba lo lagartona y que además -este debía ser el verdadero detonante de su rabia y de su decisión a divorciarse- él hubiese pagado los implantes de la susodicha!!

-Pagárselos a ella y no a mí, que más de una vez le manifesté mi deseo de hacerme un retoque, y él me detuvo diciendo que si Dios me había querido sin grandes voluptuosidades, así debía permanecer y que, además, a él así le gustaba. Hipócrita, bien que lo demuestra revolcándose, entre Salmo y Salmo, con esa güera oxigenada y siliconeada. Pero ya verá, como los escándalos dañarían su posición en la Congregación, va a tener que darme lo que pida y lo primero que voy a hacer será, por supuesto, regalarme unos implantes grandiosos y bien puestos, luego operarme la nariz y finalmente teñirme el cabello de pelirrojo…

Y así continuó Sara durante varios minutos narrando su planes a corto plazo, hasta que por fin respiró aliviada, casi feliz, al concluir su narración en lo más alto de la cresta de la etapa superior del dolor post-rompimiento…


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14 comentarios:

La abuela frescotona dijo...

APLAUSOS A SARA.
CREO QUE HOY MUCHOS APRENDIMOS CUAL ES LA ETAPA SUPERIOR DEL DOLOR...
MUY SABIA LA MUJER, EN TODO LOS ASPECTOS, CREO QUE AYUDÓ TAMBIÉN A LA ASESORA DE LA ONG.
MARICHUY, MUY LINDO ESCRITO, ABRAZOS

Ivanius dijo...

La etapa superior del dolor: donde quien sobrevive presume las cicatrices, que más que daño propio señalan el costo ajeno.

Como una cirugía reconstructiva, que no plástica, para el corazón.

Abrazos suturados.

gonzalo dijo...

todos vamos entre globos y rubias.

virgi dijo...

Mientras que no vuelva a caer con otro pastor de almas...

Muaksssssss

jess dijo...

Jajajajajaja!

Es como una película media chafona que vi hace no sé cuánto, en donde la esposa puede perdonarle al esposo la infidelidad pero no que le mienta con que ha dejado de fumar.

Y por otra parte... snif.... yo adoro "Caldo de pollo para el alma de la mujer", la verdad a mí me ayudó mucho en mi incipiente edad adulta.

.... algún día me compraré una peluca negra alaciada.... muero de ganas de verme trigueña y mujer fatal. XD

Abrazote linda!!

Ju dijo...

Mari,

Mire que casualidad, esa frase de Tolstoi tiene un lugar clave de complicidad entre dos de los personajes de Le Hérisson.

En cuanto a lo de la supuesta "etapa superior" MMMM a mí me funciona exactamente al revez, luego de la indignación suprema, me viene el llanto. De hecho creí que la historia iba a terminar así, luego de hecho el descargo, el estallido de dolor. Proyección que le dicen jeje.

Saludos matinales!

Sonia. dijo...

que chambota la que se consiguio... mucha responsabilidad, dar consejos es supongo, la cosa mas dificil socialmente hablando.

no se, es muy negRo este humor, con sus matices tan ciertos como profundos, porque creo que las superficialidades terminan tapando finalmente algo del orgullo, la dignidad y la decepcion... , finalmente dicen que todo lo que tapa ayuda, algo de cierto tendra.


muy padre escrito nena, me encanto como lo llevas, y me choca que me interrupan cuando te leo, me tarde nomas dos dias... :s

un abrazote.

malbicho dijo...

pues pastores o mineros rescatados después de diez semanas, infidelidad masculina es democrática y se resuelve casi siempre con cheques de por medio, verdad?

Raptor Plateado dijo...

creo que a todos nos queda alguna cicatriz de esta etapa.. muy bueno!!

MauVenom dijo...

Se me borró mi comment

... decía que

... si hemos de llevar una cicatriz podemos encontrar la forma inteligente de hacerlo

como ella que la lucirá estrenando un busto antojable y hermoso

que le traerá, además, nuevas oportunidades

cuando terminamos una relación más nos vale iniciar una nueva con nosotros mismos.

Tessitore di Sogno dijo...

Ufff, que triste!

Veo una mujer bien insegura, que pena.

Te voy a transcribir un pequeño relatito que escribí hace unos días. Creo que describe perfectamente lo que opino de mujeres como ella, que no se aman a si mismas.

"El aroma del primer otoño que Margarita Mascarpone recuerda, es símil a la fragancia de su hombre, Benito Cuerpo de Uva. Aunque ahora ya es tarde para aromas, Benito se ha olvidado de ella y la ha cambiado por dos rubias con tetillas siliconas que, al vaivén de su buen andar, siembran la envidia de las féminas. Pero ella no se rinde, no señor. Ella no es fresca como otras, ella no es interesada como otras, ella... nada. Y todos los días al caer el sol desde hace veinte años, Margarita reza a San Pachulo rogando por su regreso. Mientras su juventud y sus años mozos ha pasado de largo, llorando y esperando. ¿Cuántas Margaritas marchitas habrá por ahí plantadas que no entendieron que a otra cosa, mariposa?. Para dar risa, ¿no es cierto?".

Un abrazo, adorada. El Otoño. Suspiros.

Eva Magallanes dijo...

El texto da una "vuelta de tuerca" que es sorprendente y ese me parece su acierto literario... digamos que del drama pasa a la comedia entendiendo que la comedia es otra forma de describir y asumir el drama.
En cuanto al perfil psicológico de Sara... siento representa un tópico actual. Bien, que se opere entera si quiere, mas dudo que el bisturí le sane el alma. Va a tener que trabajar allí (con el bisturí de su interioridad) quiera o no quiera porque en algún momento ya no tendrá más que retocarse, ponerse o sacarse.
Y el "pastor" ese que se vaya con el rebaño hipócrita que pulula por el planeta.
Buen relato!

le cid dijo...

Tessitore...

Cuando llega el momento del desengaño, todos somos inseguros.

Marichuy...

Te lo he dicho y le lo repito: Tu manera de narrar el amor y el desamor "au féminin"... Como Barbara y Françoise Hardy, o como Marguerite Duras y La Yurcenar.

Es decir, que algo que es un vil acto de traición masculina, tu lo plasmas con palabras de mujer, y nos permites de verlo del otro lado del espejo, allí donde duele, allí donde se busca el porqué, el cuando, el donde...

Jamás he perdido mi tiempo leyéndote, porque te he leído bien...

marichuy dijo...

Estimados todos.

Disculpen que no he contestado sus comentarios. He andado un tanto embromada, falta de tiempo y hasta con fallas de Internet. Espero hacerlo esta misma semana.

Saludos y muchas gracias por sus comentarios.