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13 mayo 2013

Destino / Rosario Castellanos











Matamos lo que amamos. Lo demás

no ha estado vivo nunca.

Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere

un olvido, una ausencia, a veces menos.

Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia

de respirar con un pulmón ajeno!

El aire no es bastante

para los dos. Y no basta la tierra

para los cuerpos juntos

y la ración de la esperanza es poca

y el dolor no se puede compartir.



El hombre es anima de soledades,

ciervo con una flecha en el ijar

que huye y se desangra.



Ah, pero el odio, su fijeza insomne

de pupilas de vidrio; su actitud

que es a la vez reposo y amenaza.



El ciervo va a beber y en el agua aparece

el reflejo del tigre.



El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve

-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)

igual a su enemigo.



Damos la vida sólo a lo que odiamos





Texto del sito Poemas del Alma

Imagen tomada de Internet

2 comentarios:

Karol A. C. dijo...

Si así suele suceder...Abrazo

Maria Jesus Benitez dijo...

Hola, me gusta como escribes. Si me lo permites, andaré visitando tu blog.

Un abrazo