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02 julio 2009

El último sueño

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por Canalla

Alain dio las llaves del auto -Mercedes CLS- al mozo y trepó ágilmente las escaleras sin esperar el elevador -Thyssen-Krupp- inteligente, felicitándose porque desde su retorno a las rutinas del gimnasio –Club Chapultepec- con sus amigos podía hacer tales esfuerzos, y su mente volvió a concentrarse en la sensación vivida esa madrugada en un sueño que, sin valorarlo simplemente así, tampoco podía calificar como pesadilla.
Durante años, quizá toda su vida pese a no recordarlo, soñaba un sobrevuelo de praderas verdes, y durante ese recorrido experimentaba la emoción más placentera en la memoria desde niño, hasta que de golpe perdía la capacidad de planear cayendo hacia el pasto, su cuerpo amortiguado suavemente entre las manos paternas.
Cuando conoció a Elba y aún antes de casarse con ella a la muerte de su madre, el sueño volvió intermitente con un matiz sutil: ahora aquélla lo veía precipitarse gratamente, y a contrapelo del hábito onírico de sus viejos no metía las manos, aunque ese nuevo campo era lo suficientemente acolchado todavía para garantizar su aterrizaje sin peligro alguno.
Al fallecer su padre se avocó a dirigir la compañía heredada y los vuelos desaparecieron mientras consolidó su situación financiera, la diversificó hacia otros rubros en un récord de tiempo, acrecentó su importancia y el monto global de las ganancias.
Ambos empezaron a viajar con mayor frecuencia fuera de México, y de cada nuevo sitio regresaron con mayor número de cosas, que adquirieron un carácter de representaciones simbólicas de su sólida situación, y sustituyeron en su afecto a los hijos que quizá nunca llegarían a tener.
La confirmación por diversos especialistas de la esterilidad de ella no lo desalentó, pues al verla recibir la noticia con parsimonia y desenfado, casi con alivio, correspondió a esa actitud de la misma forma. Si estaba dispuesta a afrontarlo con valor, él debía tenerlo, y transmitir esa conformidad a su cónyuge.
En compensación incrementaron sus salidas al extranjero hasta culminar, en nueve años, la lista más extensa posible de todos los destinos alrededor de la tierra, y para ello Alain desatendió por un tiempo su empresa confiando en su óptimo estado: cada vez dependía menos de las ventas, y más de la jugosa especulación financiera con futuros bursátiles.
La llamada de su corredor –Kauffman´s- de Bolsa la semana pasada, empero, lo sustrajo imprevistamente de su ensueño y lo obligó a actuar con prontitud, pues un solo corretaje de acciones –Enron- inexplicablemente malogrado, consumió todo su capital sano.
Ahora debía cancelar cualquier gasto así como las adquisiciones de pasivos, ahorrar más y recortar personal además de extender la nueva austeridad a su situación personal, pues su consumo estaba totalmente desproporcionado, con relación al último reporte de retiro de utilidades rendido por su administrador –Columbia Business College- corporativo.
Entre esos tecnicismos para referirse a la inminente quiebra revoloteaba su pensamiento, al entrar por el roof garden al penthouse, resuelto a sostener una conversación definitiva con su mujer. Como todavía no regresaba de compras, se despojó con una mano de saco –Hermenegildo Zegna- y corbata -Louys Athié-, mientras se dirigió a la barra que varios años antes Gérard Zost Dauphine le fabricó personalmente, en su taller de Ática.
En el old fashioned aventurine adquirido -Venettia Murano´s- un año atrás vertió directo el güisqui -Tullamore Dew-, que bebió de solo un trago antes de servir otro, e irse a tirar aburrido en su couch –Beauty Stamp- a ver en las paredes del estudio los Átl, Tamayo y Gironella, que pronto descolgaría el galerista para subastar, calculando cuánto obtendría por ellos si, en lugar de ofrecerlos en el país, los llevaba al mercado de Nueva York.
Sus vuelos retornaron tan pronto percibió la dificultad económica, ahora con un violento impacto que se le reveló noche tras noche más duro, a cada nuevo contacto con el suelo, e incluso doloroso antes de despertar. La noche anterior, un nuevo giro en la trama: salía disparado desde la terraza de su piso, ahora tras saltar así, sin mayor trámite, al vacío.
En la misma proporción que lo aterrorizaba revivirlo, al día siguiente, por largos ratos lo reconfortaba, como el Prozac que empezó a consumir en exceso Esa ilusión de liberarse de toda la presión de un salto lo extasiaba, pero a los pocos minutos recobraba el aliento de otro trago revisando el ascensor, un tanto incómodo por la demora de Elba.
Habían acordado la noche anterior encontrarse para la comida, platicar calmos, y decidir en definitiva, pues a Alain le preocupaba la actitud que asumiría al enterarse con mayor claridad de todo, meditó al tiempo de tomar con ansiedad otras tres copas.
Todavía absorto en sus sombríos pensamientos con el sexto güisqui, imaginaba su vuelo tras cruzar el balcón, se recriminaba lo absurdo de sentir desahogo con esa idea, y luego retornaba a la misma con una variante adicional: lanzaba a Elba, y esperaba abajo a que cayera abriendo sus manos, como recordaba hacer a sus padres en la primera temporada del sueño original, sonreía al comparar su actual situación con la de una serie televisiva.
La llegada intempestiva de su esposa lo sustrajo de igual modo, y volteó al umbral al verla aparecer radiante, envuelta en una bella túnica –Isabel Toledo- de estampado, dejando la bolsa –Louis Vuitton- en la coqueta –Kalmandrás- de caoba, donde descansaba la lámpara Art Decó que compraron –Atellier Studios- juntos el año anterior al regresar de Aspen. Al mirarla tan guapa sonrió otra vez, y logró olvidar por unos instantes sus maquinaciones.
Pero al sentarse Elba, y durante los diez minutos que empleó en la somera exposición del asunto y detallar las acciones que deberían adoptar sin retraso, su mente permaneció ausente, en la evocación de aquél verde prado cuya visión lo gratificó, hasta mudar en la escena soñada la noche anterior que, sin embargo, ahora era capaz también de calmarlo.
Por esto no supo cómo terminó revelando a su mujer que, incluso, conocía sus aventuras con un empleado de la fundación que ambos apoyaban, y las pasó por alto como un acto de amor. Ella podía seguir haciendo lo que quisiera, si esclarecía la única duda que Alain ya no quería cargar sobre sus hombros siquiera un minuto más, por el riesgo de llegar a odiarla tanto como hasta ese momento la había querido.
- Ya no puedo con el peso, explotó sin poder contenerse.
- ¿Qué peso?, dijo Elba mientras acariciaba con su mano el colgante de perlas negras de Tahití –Valgeoda- pensando en enviarlas pronto –Christin´s- a limpiar, antes que alguna de las malditas perras del Country Huixquilucan notara la suciedad.
- El de procurarte todo lo que todavía crees necesitar para sentirte viva y feliz. No voy a traerlo a cuestas ni se trata de que te disculpes o te perdone. Sólo quiero oírte decir, así sea por única ocasión, lo que íntimamente crees de nosotros.
Elba inclinó el rostro con una repentina expresión consternada, su barbilla casi arañando el nacimiento del cuello y la vista tirada al suelo, y Alain creyó ver en ese gesto una genuina muestra de arrepentimiento, e incluso suavizó el tono de su voz para evitar herirla sin necesidad, meditando cuidadosamente algunos segundos antes de continuar.
Le dijo lo que poco después no tuvo pronta conciencia de haber expresado, y demoró en entender él mismo unilateral e inequívocamente: por primera vez en la vida de ambos juntos, tomaría en cuenta por completo o por completo ignoraría su opinión, y de ella dependería, también por completo, cualquiera de esas opciones y sus posibles desenlaces.
- Quiero que me digas lo que realmente deseas, lo que en verdad sientes tú por mí, soltó esperanzado en obtener de ella alguna respuesta que lo persuadiera con eficacia de proceder solo.
Aunque Elba, en realidad, estaba contrariada porque un herraje de su zapatilla –Hermés- se había atorado en la mullida alfombra –Ashtari- y le impidió levantarse para evadir al esposo, corroboró éste al ver su mueca de eterna contrariedad y aburrimiento enmarcada por el amplísimo sofá –Clementine Hurst- negro, la mejor compra de ambos en Jersey´s.
- Por mí puedes irte al carajo.
Un segundo antes de decidirse, Alain sopesó la razón contenida en la respuesta de Elba porque, efectivamente, sin vuelta atrás ni moraleja, por ella estaba todo por irse al carajo.

36 comentarios:

jota pe dijo...

-- estimado canalla, muy buen cuento marca Pais de Canallas, que si uno se va con la finta pareciera superficial y materialista, pero es precisamente en eso en lo que no cae, saludos y es bueno verte en este blog

gerapo trezoo dijo...

Y todo por asumir las cosas y no tomarse la molestia de preguntar a tiempo.

GA dijo...

Bien!

Doctor Gurma dijo...

"...Era una ciudad de plástico/ de esas que no quiero ver/ de edificios cancerosos/ y un corazón de oropel/ donde en vez de un sol/ amanece un dólar/ donde nadie ríe/ donde nadie llora/ con gente de rostros de polyester/ que oyen sin oir y miran sin ver/ gente que vendió por comodidad/ su razón de ser y su libertad..."
PLÁSTICO
RUBÉN BLADES

Uno se puede hundir en la hojarasca (o arenas movedizas, según su imagen de preferencia) de la comodidad y descubrir que uno ya no es ni siquiera el peor de sus sueños y necesitar preguntarle a alguien más para confirmar que efectivamente todo se ha ido al carajo... ¡Muy bueno! Muy buen ritmo narrativo, estilo y perfecto balance entre forma y contenido. Me atrapó y me dejó muy buen sabor de boca

la MaLquEridA dijo...

Bueno,

me deja pensando.

Mafalda dijo...

...

Wuauuuu...

Me lo leí de corridito.
Me gustó el título de humor negro, "El útimo sueño", personajes que viven en un sueño de muñecos sintéticos...de plástico.

Buenísimo debut.

Mafalda

Ivanius dijo...

Un muy buen "contravuelo" para el relato de Marichuy, con el gancho (o desgarre) de la toma de contacto. Un espejo roto por ambos lados: el sujeto y el reflejo.
Habrá que tomar nota de las marcas, por sí solas un rastro de esas "migas de lujo" que dejan los espíritus desmoronados. Bravo.

Mara Jiménez dijo...

Estoy en shock! Primero por la calidad del relato, que si bien no me sorprende, me ha llevado de la mano a paso ligero. Luego reflexiono, y pienso en esas mezquinas ambiciones que nos aportan las facturas y etiquetas ostensibles. Enseguida llega el deseo, el mórbido de ver a Alain muerto y velado en un mexicanísimo Gayosso, y el deseo puro, de alejarme de estos personajes que conozco de cerca para no paracerme nunca a ellos.
¡BRAVO CANALLA!
Un abrazo y un beso admirados y serenos.

PD: Siempre me he evadido de la responsabilidad socialitera de conocer marcas... voy a estudiar el "rastro", como dice Ivanius.

Sonia. dijo...

Me quede clavada primero en la imagen que pusiste, me llevo a un ambiente de glamour setentero y de ahi partio el vuelo mi imaginacon.

Me quede pensando en el detalle de como el tono de voz digas lo que digas te cambia la perspectiva de todo.

Esta bien interesante el manejo de las escenas que haces. Me gusto!

Abrazotes!

Canalla dijo...

jota pe: Bienvenido. Qué bueno que te gustó; y eso que este escribidor es medio superficial y materialista.
Sí, me encanta estar aquí, gracias.
Saludos.

Canalla dijo...

gerapo trezoo: Bienvenido. Sí, y es lo que más comúnmente hacemos: asumir, dar por hecho lo que en realidad es incierto. Saludos.

Canalla dijo...

GA: Bienvenida. ¡Ok! Saludos.

Canalla dijo...

Doctor Gurma: Bienvenido. Hace un minuto se rieron aquí en el trabajo, porque te leí y empecé a cantar la rolita. Muy generosa tu apreciación, gracias. Saludos.

Canalla dijo...

la MaLquEridA: Bienvenida. Entonces logró su cometido. Muchas gracias. Saludos.

Canalla dijo...

Mafalda: ¡Qué niña tan aplicada!. Puro glamour, ¿no crees?. Te mando un beso enorme - Canalla´s Mall- parafraseado.

Canalla dijo...

Ivanius: Y sin ponernos de acuerdo la marichuyita y tu servilleta. Roto por ambos lados; ¡qué buena expresión!: voy a plagiarte. Saludos.

marichuy dijo...

Canalla

Pero qué sorpresa me llevé. Eres camaleónico como escritor… eso por no mencionar tu basto conocimiento de marcas y símbolos de estatus.

Un texto delineado con una precisión casi quirúrgica; tan cuidadoso en los detalles; agudo y sin concesiones para mirar a sus personajes tan vacuos, como chic; aunque Alaín parece ligeramente menos que Elba, por lo menos tuvo un último sueño.

Muy interesante fase de este Canalla que yo no conocía.

Y ya no le sigo con que en mi otra vida quiero escribri como tu, para no verme muy repetitiva... pero sí, eso quiero.

Besos y felices sueños en EyL

PS Yo sueño que vuelo y nunca me caigo, siempre puedo ver la panorámica desde las alturas y a veces, hasta a mi misma durmiendo en la cama. ¿Será porque nunca figuraré en Forbes, que la vida me compensa con esto?

Canalla dijo...

Mara Jiménez: ¡Rápido, un doctor! ¿Alquien sabe primeros auxilios?
Tendrán que darme respiración boca a boca por tus comentarios tan elogiosos que a mí sí me dejaron en shock. Saludos y besos.

Canalla dijo...

Sonia: Cuando subí el post me quedé pensando en tí y en Pelusa y dije: ¿porqué mejor no les pedí una foto? Pero bueno, algún día me atreveré. Muchas gracias, saludos y besos.

Canalla dijo...

marichuy: Mi único símbolo de estatus es que te tomes la molestia de leerme y luego hacer comentarios tan enjundiosos e inmerecidos, maja. Entre tú y Mara, voy a terminar en el hospital, o creyéndomelos. Besos.

Pelusa dijo...

Wow! Canalla!! Me tuviste del principio al fin sin despegar los ojos de la pantalla! Que fluidez!
Me gusto mucho.
Me sorprendio que, entre tantos otros nombres, llegaran al final sabiendo aun los propios. Y me parecio muy bueno el paralelo entre el sueño y la realidad, que al final resulta un sueño... bueno, eso, que me gusto.
Un abrazo!

MauVenom dijo...

Interesante giro Canallo

Ha tocado usted una tierra diferente a la que suele visitar comunmente

no puedo evitar que mi maldad se haya sentido complacida con el colapso de tus personajes... el éxito de tu escrito en mí es haber provocado (tómese esto de la mejor manera) una verdadera repulsión

será que lo he visto suceder... y no siempre con el compensatorio resultado de tu historia

pareciera ahora que el "Carajo" es un lugar concurrido e ineludible al que hemos de llegar si no ponemos atención a la advertencia de nuestra propia crónica

soñar es algo que la verdad no me acaba de convencer, volar por otro lado es importante, caer más.

Le mando un abrazo con alevosía y me da un enorme gusto su estreno en este lugar.

Ana dijo...

Hola!
un relato bastante interesante...
muchas veces nuestros sueños son el reflejo de nuestros problemas o de nuestras conductas...
me una a la opinion de todos, me cautivo desde el principio hasta el final
un abrazo Sr. Canalla
=D

Canalla dijo...

Pelusa: Ya lo decía el viejo: "la vida es sueño", y tus palabras son pastillas aciduladas (me encantan) para mi. Besos.

Canalla dijo...

MauVenom: Coincidimos en la repulsa porque, estos tipos, desde el primer párrafo se me revelaron mendaces y mezquinos. Lo bueno es que solitos llegaron a colapsarse, sin siquiera meter yo las manos. Gracias de nuevo a tí por invitarme a esta aventura. Un abrazo.

Canalla dijo...

Ana: Bienvenida. A veces también traen algo bueno los sueños. Hay que estar siempre receptivos. Muchas gracias, y otro abrazo =D

Jolie dijo...

Es mas doloroso conocerte que cumplir con un rol impuesto por la sociedad y no me refiero a conformarse, siempre es bueno buscar ser mejores y sentirnos de ese modo pero sin apego a lo que no tienes y tampoco a lo que no necesitas. A mi me gusta soñar, peco de esa sensación por sentirme segura en un mundo ajeno a la realidad;Forzados a cumplir con las expectativas de los demás impuestas por la sociedad nos presionamos y ya no soñamos. La gente toma toda clase de terapias incluso para dejar de comprar compulsivamente, los sueños son un metodo mas natural para combatir ciertas carencias incluso las que no pueden cumplirse, y podrían calificarse bajo la categoría de "caminos misteriosos" Sigo pensando que mucha gente coincide conmigo, en que hay un mundo mejor esperándonos, quizá párte de el esté dentro de los sueños. Vivimos en una época en que la gente parece mas vacia, cada vez y a pesar de todo lo que leo yo sigo arropando mi ultimo sueño a sabiendas que puede que se caiga por el despeñadero

Creemos que necesitamos asideros

Canalla dijo...

Jolie: Sí, de hecho busqué plasmar mi percepción de quienes, de tanto querer cumplir las expectativas de otros, no llegan siquiera a conocer las propias. Un fuerte saludo.

alejandro aparicio morales dijo...

muy buen relato
muy bueno
te mando un gran abrazo
es muy enriquesedor visitar este blog donde tan buenos escritores expresan entre este espacio

un abrazo fraterno


que tengas un buen fin de semana

Canalla dijo...

alejandro aparicio morales: Bienvenido, Alejandro. Muchas gracias por leernos. Me acabo de dar una vuelta por tu blog y me encantaron tus poemas. Saludos para la siempre bella Oaxaca.

jess dijo...

No manches... cómo te sabes todas esas marcas.... uóraleeees!!

Alguna vez leí que "Ninguna mujer será lo suficientemente rica, ni lo suficientemente delgada"....

ja!

Qué aburrimiento de vida.
Buaj!

Saludos!

Canalla dijo...

jess: Y lo peor de vivir así es que, hasta la onomatopeya que usaste para describir cómo te horroriza es menos brutal. Saludos. Muak!

el7palabras dijo...

Bueno, que la aspiración siempre está ahí.
Todo mundo dice, "Ay noooo, qué flojera eso de ser esclavo de las marcas", pero oiga, que levante la mano; y charros, que lance la primera piedra quien esté libre de marcas en su vida.

A ver, a ver.

Desde los calzones que se usan hasta el guacho, cartera, pluma, mochila portafolio, o nomás yogures, leches, zapatos... algo " de marca"

Y por cierto, muuuy bueno.
No tenía el gusto, pero un carnal me dijo que usté era bueno, y veo que no se equivocó.
Salud.

Gustavo Puntila dijo...

Que buen cuento! Aunque al principio me pareció muy pretencioso el nombrar todas esas "fabulosas" marcas, contextúa muy bien la historia en su final...

Gracias!

Canalla dijo...

el7palabras: Bienvenido. Perdón por el retraso en contestar, pero no imaginaba que nuevos amigos hubieran leído esto varios días después. Muchas gracias. Saludos.

Canalla dijo...

Gustavo Puntillas: Bienvenido. Sin su empleo, el cuento sería otro. Muchas gracias por leerlo. Saludos.