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01 febrero 2013

Verde por tu ventana










Desde que recuerdo, se veía un árbol por la ventana de mi cuarto. Era la punta de un pino enorme que se encontraba en el jardín del vecino. El edificio en donde viví más o menos unos 30 años, estaba conformado por dos edificios paralelos y un pequeño patio entre ellos. Por lo que era difícil ver algo de vegetación por la ventana. Era necesario acostarme en la esquina de la cama para apenas vislumbrar la punta del árbol. Ahora que sé con exactitud en qué mes llegarás a la casa me he preguntado ¿Qué es lo que quiero que veas por la ventana cada mañana al despertar? Lo que se ve justo ahora es mi tercer intento fallido de azotea verde. Unas cícadas secas que un día fueron hermosas en el jardín de enfrente y que parece que sólo las subí a la azotea a morir por el implacable sol y la sequía que cada vez se alarga más. Me gustaría que por tu ventana pudieras ver verde, hojas moviéndose al viento, y, de ser posible, flores de colores. Que pudieras ver cada día, al despertar, algo agradable que te ponga de buenas. Y ahora, más que nunca, pienso en lo que quiero yo misma ver por mi ventana. En cómo transformar y disfrutar lo que vemos todos en general. Mi deseo es que podemos ver mucho y muy agradable a través de las ventanas de nuestras casas, siempre, que sea motivo para estar felices y para tener energías para cada día. De ser necesario volver a comenzar con el mismo entusiasmo con el que arrancamos el primer día de nuestra vida. En el que, con un fuerte llanto, marcamos el inicio de nuestra presencia en este “Paraíso terrenal” en el que primordialmente vinimos a gozar.


Imagen proporcionada por la autora del texto




03 mayo 2012

¡No frene!






Por Cuentos bajo pedido, ¿Y tu nieve de qué la quieres?



En general me percibo libre en las lides del amor. Pero mi terapeuta no piensa lo mismo. Todo empezó cuando alguien colocó su carrito del súper frente al mío obstaculizando mi paso. Al voltear se encontraron nuestras miradas y pensé – Uf, que lindo hombre-. El me recibió con una hermosa sonrisa y una luz cálida emanaba de sus ojos. Yo, sin hacer un sólo gesto, me di la vuelta y regresé por donde venía. Avancé un par de pasillos más y me lo volví a encontrar pero rápidamente cambié de rumbo. Él insistió y se paró enfrente de la caja donde me encontraba pagando. Traté de ignorarlo pero sentía el peso de su mirada sobre mí. El pánico me invadió pero cuando salí de la caja él ya no estaba. Así que subí mis compras al coche, me sentía exaltaba y un poco absurda por ni si quiera haberle devuelto la sonrisa aunque también sentía alivio de que hubiera desaparecido. Cuando llegué a la salida del estacionamiento volteé para ver si podía pasar y descubrí que él estaba parado justo ahí, se acercó y me dijo con suave tono –¡Pero que lindaaaa!- Arranqué y me fui con la certeza de haber hecho lo correcto. Cuando le conté a la terapeuta me dijo -¿Cuántas veces has visto un hombre guapísimo en el súper? -Deja de correr, si no sabes qué hacer, simplemente detente y deja que las cosas sucedan, disfruta las sorpresas-
No estuve muy de acuerdo, en mi cabecita no existía la posibilidad de permitir una avanzada amorosa con un desconocido en el súper. ¿Qué le diría a los nietos? - Conocí a su abuelo en el súper!- No, imposible.

Tiempo después viajaba en el metro, en mis pensamientos le pedía a mi abuela y a mi tía (mis Ángeles de Tiempo Completo), que si en vida habían tenido tan buen gusto, por qué no me mandaban ya a la pareja correcta, que se presentara con toda claridad en mi vida. Aún no terminaba esta idea, cuando un hombre atractivo y cordial me pidió que lo orientara pues se encontraba perdido. Le expliqué cómo llegar a donde quería ir y me dijo que la verdad era un pretexto para hablarme pues si no se acercaba era probable que no nos volviéramos a encontrar. Lo miré y sentí un fuerte impulso de correr mientras pensaba; ¿Qué le voy a decir a los nietos? -¡Conocí a su abuelo en el METRO!- ¡Socorro! Pero esta vez fue más fuerte en mi interior la voz de la terapeuta y aunque reaccioné como autómata, al menos dejé ambos pies plantados en el piso y me permití escuchar su agradable voz para luego dejarlo ir para siempre.

Ahora, un hombre se me presenta sorpresivamente y me tiene totalmente desbordada, descontrolada, aturdida e invade por completo todos mis pensamientos. Y sé que en está ocasión, hubiera sido prudente ignorar todo mi aprendizaje terapéutico  y retomar la conocida estrategia de correr, pero lo único que pude ver en el fondo de sus ojos traslucidos fue un gran  letrero que decía 'NO FRENE'.
No sé que pasó.
¿Y ahora qué les voy a contar a mis nietos?
Ya sabré qué decirles cuando llegue ese momento. La vida es una historia que no se termina de acabar hasta que se llega al final, pero mientras, hay que vivirla, dejar que las cosas sucedan y de ser posible disfrutarla. Es tan fugaz al borde de esos labios. 



Imagen proporcionada por el autor del texto