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14 junio 2011

Y Desapareció.

Por Lidia


Y sólo escuché silencio.

Le pregunté, ¿crees en el destino?

Y me dijo qué clase de destino.

Yo le respondí, la clase de destino fatal que está escrito desde antes de que fueras una idea del ente universal.

Y me dijo, ¿qué otra clase de destino existe?

Yo le respondí, el destino que todos podemos manipular para romper esquemas y tener vida propia.

Y me dijo, ¿sólo hay esas dos opciones?

Yo le respondí, no lo sé, dímelo tú.

Y me dijo, yo sólo sé que no sé nada.

Yo le miré y le pregunté, ¿eres una ficción creada por mí para aprender?

Y me dijo, Nosce te impsum.

Yo lo ví y volví a preguntar, ¿crees en el destino?

Y me dijo, Yo sólo creo en ti.

Y desapareció.

14 febrero 2011

No Tengo Patria





Por Mara Jiménez


Yo no tengo patria… mi tierra se disolvió en un amasijo inútil de sangre y huesos pobres, no, no tengo arraigo a lo putrefacto y sucio de las cúpulas que intentan manejar nuestras vidas como títeres gastados, de hilos rotos y caras despintadas, que no son individuos sino buena leña para el fuego de la ambición de unos cuantos. Mi patria se descompuso en varios países ínfimos, conformándose todos entre sus iguales; aprendimos a hablar distintas lenguas y nos aislamos en las muchedumbres para preocuparnos por sobrevivir. En mi patria la palabra esfuerzo da risa y la honradez es una debilidad del espíritu.
En mi patria, la bonanza es sinónimo de corruptelas y codicias malsanas, aquí él que no pega primero es golpeado hasta la muerte, el que no escupe sucumbe bajo la salivas de la demagogia, y el que tiene fe en su esfuerzo es aplastado bajo un yugo de peso insoportable que ostenta la feroz palabra “ingenuidad”, pero el que no ría la desgracia ajena, sucumbe y muere bajo el mismo peso.
Camino las calles de una ciudad que desapareció, de un ideal que murió al nacer, de un futuro que nunca llegó; una ciudad poblada de rostros extraños y amenazantes donde la muerte ronda en cada esquina con la túnica manchada de mierda… y lloro silenciosa la ausencia de mi identidad otrora tan firme.
Hoy sé que debo partir, lejos, allá donde no duela ser extraño, donde no me sienta amputada ni engañada. No será la primera vez que salga sin cerrar la puerta. Buscaré tan solo, un lugar lo suficientemente grande para guardar este cadáver de patria que me han obligado llevar conmigo hasta el fin de mis días. Quizás cuando este lejos, deje de apestar un poco.