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20 enero 2014

Ajenidades



por Ivanius


La poesía no es de mí
ni cuita
ni me agota.

Vengo a decirlo así como lo siento. Intento
que sea un elixir sin que sus ingredientes
exijan alquimismo de altos vuelos.

Es simplemente pista
insisto
de espíritu intimista.

Mis venas son testigo caminante
de un tropel de pueblos y dialectos
que aun sin querer supieron encontrarse.

Rebelde porque vota
por mí
para afirmarme siempre.

Hoy no sé hablar como Babel lo exige
porque quiero entender lo que me digo
y no dejarme engatusar por nadie.

Son tan sólo palabras
de aquí
sistólico estrambóticas.

Sorbo de sílabas, sorbete de silencios
que crean absurdos y verídicas verdades
para atontar hasta lo inatontable.

Sonda sonido, silbido hecho suspiro
(sueño)
afirmación vocal y consonante.

"Ajenidades". Poema de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Vanitas, por N.L. Peschier, tomada de Wikimedia Commons.

02 diciembre 2013

Una vez al año


por Ivanius

Cuando el suelo cruje sé que vendrán pronto. Es tiempo de volver a contar la leyenda de nuestro origen, la que da sentido a tradiciones que ya eran viejas cuando nuestros abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos, no eran siquiera una semilla. Las historias que nos hacen soñar y nos recuerdan quiénes somos. Por una noche, a todos se nos olvida la prisa y nos damos el tiempo para las voces de los mayores.

Siempre estamos cerca, pero el resto del año cada quien se ocupa de sus cosas. Además, en los otros días y las otras noches hay demasiados ruidos en el aire, demasiadas distracciones. Por eso cada quien debe hacer acopio de fuerzas y no ocuparse de los demás.

Mi historia favorita habla de lo que vendrá después. Me gusta pensar que será como dicen: que ungirán mi cuerpo con aceites y mis extremidades brillarán llenas de adornos, que estaré rodeado de fragancias y presencias. Que la admiración no será una competencia, sino un estado, porque cada quien será plenamente lo que está llamado a ser.

Otros dicen que los que llegan en esta noche son los agentes del destino, y que todo lo que hacen está previsto. Que sólo algunos de nosotros, los más jóvenes, nos quedaremos aquí una vez que ellos --los ancianos y los otros-- hayan cumplido su misión. Que así tiene que ser.

Quizás todo son rumores y verdades a medias, palabras en el viento, susurros entre las ramas. Tal vez haya algo después, pero nadie lo imagina ni lo explica, porque no sabe cómo es, o porque no le ha sido posible regresar a contarnos. O tal vez sí, pero no lo hemos reconocido.

Sólo nos queda esperar, y crecer, y multiplicarnos. Ese es el último sentido de las historias: la esperanza. Esa también es la última palabra que escuchamos, una vez al año, de boca de nuestros mayores ahora que somos jóvenes, con la encomienda de transmitirla.

***

Veamos qué hay detrás del número tres: un juego de recámara con base matrimonial, cabecera y dos burós. También un amplio librero y centro de entretenimiento, junto a un hermoso antecomedor de aglomerado con cuatro sillas: todo en madera de pino de primera calidad con acabados tipo caoba y barniz resistente a las rayaduras, junto a una dotación completa de productos de limpieza con aroma a bosque para el cuidado del hogar. Este es el premio principal de hoy, cortesía de Muebles Frondoso.

***

"Mira, papá: ya terminamos de decorar el árbol. ¿Qué te parece?"

***

Esta historia, hace mucho tiempo, fue escrita con lápiz sobre hojas de papel. Y sin usar palillos de dientes.

"Una vez al año". Relato de Ivanius. Texto:  © Chanchopensante.com Imagen tomada de Wikimedia Commons.


17 octubre 2013

Antes del espejo


por Ivanius

Cuando era niña recibía elogios, y no carecían de verdad, aunque gran parte de ellos enmascaraban segundas intenciones, especialmente porque era más probable hallar favor ante el rey halagando a su hija. Así descubrió el poder de la belleza, pero también su lado flaco: la vanidad.

Su otro gusto era leer, y no olvidaba nada. Pronto agotó los pocos libros a su alcance y empezó a pedir más, hasta que alguien le habló de ciertos antiguos tomos llenos de moho y secretos en el sótano del castillo. Su avidez por aprender  y cierto don para los idiomas le abrió camino a los conocimientos, y tras la adolescencia finalmente se convirtió en mujer.

Una noche, a punto de quedar dormida, escuchó que alguien entraba a su habitación, y pensó que era alguno de los numerosos sirvientes del palacio, enviado a cuidar el sueño de la princesa, o a entregarle recado de parte de un admirador.

Después sintió una presencia junto a la cama, aunque no tuvo tiempo de abrir los ojos. Eso es todo lo que admite recordar.

Se cree que ocurrió algo terrible, y que la princesa, movida por el dolor, encontró un remedio en el libro de negra alquimia: la receta incluía dos gotas de su sangre, lágrimas y mercurio, con lo cual retocó los bordes del óvalo frente a su cama. El resultado, una vez seco, era imperceptible. Entonces esperó a la noche, mientras repetía un conjuro hecho de voces extrañas.

Cuando el visitante llegó de nuevo, ella se levantó a recibirlo y, extendiendo las manos, lo empujó hacia la pulida superficie, que se lo tragó como una puerta líquida.

El resto de la historia está envuelto en la leyenda de su vanidad, pues sólo se le ve sonreír cuando le pregunta al espejo, cada vez con un verso distinto, quién es la más bella del reino... porque sabe que él está obligado a contestar con la verdad.


"Antes del espejo", relato de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Mujer frente al espejo, por C.W. Eckersberg (1783-1853)  tomada de Wikimedia Commons.

02 septiembre 2013

P. M.



por Ivanius

"¿Madura la tristeza?" Esa fue la pregunta, allá junto a los libros, como a veces se fraguan las ideas.

Urge saberlo, tras de que tantos y tantos textos consagran la decrepitud, el odio y el desprecio, los exabruptos jamás contenidos, los debates que no buscan aprender sino abatir, como si hablar sólo pudiera hacerse por oposición y el otro no fuera partícipe de la misma conversación, de la misma ansia, de la misma búsqueda, sino un objetivo para jugar tiro al blanco.

Sufrir como inseparable gemelo para la dignidad. ¿Es posible, cuando lo indigno es descubrir
—con dolor— que la dignidad parece moneda de cambio, devaluada en la marea de la oferta y la demanda? "No te preocupes: si sabes escribir de lo que sufres, y lo haces bien, tal vez hasta logres un best-seller."

¡Qué imagen! Revestirse de tristeza para sobrellevarla, caer por impulso propio al suelo: no buscando aprender de la caída, sino atormentarse. Sanar por sobredosis.

Todo el bullicio mental se convierte en arruga que el café
—amargo y sin cortar— disimula. Luego el hombre al final de la barra deja junto a la servilleta, húmeda de tinta, el importe exacto del cruasán con exprés, y desaparece con el sol como su sombra.

"P. M.", relato de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Fallen leaves, tomada de Wikimedia Commons.

22 julio 2013

Anatomía de una sonrisa


por Ivanius 

Hay un problema cuando sonrío que siempre rompe el silencio. Ni siquiera el cansancio de mi cuerpo sabe acallar el rumor (de mi vida interior) con que digiero los momentos.

La alegría se agazapa y devora el espacio. Un instante antes, mera insinuación; al siguiente parece haber estado siempre allí (y para siempre). Le basta una sola comisura de dos labios para, como dice la conseja, nacer, crecer y reproducirse. Por eso, aunque no la descubran, es inmortal.

No teme a las arrugas, porque la acompañan y la envuelven. Sin ellas no existe: el falso declive de una boca tiesa denuncia retoque y cirugía más que gozo. En cambio, las arrugas aglomeradas proclaman, como el rayo hace con el trueno, la inminente aparición de carcajadas.

Lo único que quizás lamento son los ojos pequeños, porque captar allí el aviso es difícil. Sin embargo, arriba del ceño puede brotar magia, aunque no tan célebre como una cicatriz de rayo ni de tanto caché como punzada de bótox. El látigo en la frente también sirve de heraldo, a pesar de que su aparición suela delatar otros pensamientos en formación o en fuga.

Aun así lo aseguro: el ceño fruncido es una sonrisa que ensaya volteretas.

"Anatomía de una sonrisa", Relato de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: "Falstaff", por Eduard von Grützner (1846-1925), en Wikimedia Commons.

21 junio 2013

Después de las raíces


Nadie supo decirme exactamente de dónde vengo, y no creo en el silencio.

Estoy seguro de que me ocultan algo más, pero tampoco sé por qué tengo esa certeza.

Creen que no preguntaré porque estoy inmóvil.

Aunque no recuerdo cómo empezó todo, sé que soy distinto ahora.

El pasado no puede ser un sueño, y no tiene por qué ser imaginario.

Cada uno de los que me rodean guarda sus propias palabras.

Así ha sido siempre. El tiempo y el viento me enseñan.

No entiendo a la semilla. No puedo verla.

Pero estoy todo en ella.

***

Escribir (y mirar) requiere ganas. No por inexplicable debe ser menos preciso, pues lo mal dicho no lo lee casi nadie, menos aún lo repite; peor aún lo mal visto. Y si hay algo de verdad en la artesanía de estos oficios es que, querámoslo o no, todos tenemos en mente alguna palabra ajena, o más bien todas nuestras palabras son ajenas hasta que empezamos a jugar con ellas y se sostienen por sí mismas.

Mi mamá me mima (a todo dar). Papá fuma su pipa (aunque el tabaco se vea menos chic que otros ingredientes). Dábale arroz a la zorra el abad (pero nadie dice qué le dio ella a cambio).

Las frases de ensayo sirven porque sólo tras ellas pueden llegar algunas que pretenden volverse inmortales. O por lo menos salir del borrador. Si no, llámenme Ismael, yo sé lo que no digo. Así es la escribidera (y las imágenes también): aunque después de gritar ¡Tom! no responda nadie, queda claro que por allí anda la tía Polly, ese primer público fuera de uno mismo, en algún lugar de la ancha literatura.

***

Hace cuatro años, varias voces y miradas llegaron a habitar un espacio.

Hoy --digámoslo como sea-- el tramo andado es igual y diferente.


En el más acá, los del oficio sin aparente beneficio. Después, en ese inexplicable más allá, los testigos: comentantes, lectores y visitantes.

Gracias a todos ellos, esta cazuela de voces y miradas se renueva siempre.

Antes cauce, hoy quizás surco. El viento de electrón (y el tiempo) dispersaron la cosecha.

Sin embargo, se mueve.

17 mayo 2013

Ala nube


por Ivanius

A veces miro a una niña junto a mis sueños de mar. Corretea por la arena y se distrae con cosas que siempre la sorprenden: una gaviota, un pequeño cangrejo...

El otro día pasó frente a mí con una concha de caracol en las manos, y se dejó sacudir por la brisa para eliminar la arena alrededor de su nariz. Detrás de mi libreta, sé que ella no podía verme, demasiado ocupada con su propia alegría.

Después de abrir los ojos, los vuelvo a cerrar para darme cuenta de que sólo hay un telón negro. La película llena de farsas y deseos, gozos y figuraciones, ha desaparecido. Parpadeo. Advierto un tictac y una tibieza ajena.

No sé si el brillo lo encuentro en el fondo de mi ojo, ese que por deforme tuvo que ser reparado con un bisturí. Quizás por eso, cuando me contemplo, sea sólo para perseguir el rastro de cualidades y defectos, hacer un pase mágico sobre ellos y ¡vualá! A seguir mirando. Hacia afuera a veces, a veces hacia adentro.

Poco a poco, descubro que quizás me hace falta algo de vanidad. Pero, también, tal vez me conozco. O eso intento.

Enmedio de los dos hay agua. Y ya no sé si es la lluvia, el sudor u otro testigo de que estamos juntos. Lo bueno --dice él-- es que así, inseparables, puedo esperar, mientras tu cercanía me arrope.

Ella sonríe. Lo demás no requiere palabras.

Este no es un sueño. Este no es un sueño. Este no es un sueño.
No me importa. He despertado entre carcajadas.

Como yo no soy pintor, no logré dibujarla. Por eso intenté estas líneas, disfrazadas en el cuaderno que sostienen mis manos de citadino atrapado por la nostalgia del mar y de la playa.

Hoy me empeñaré en conservar esa sonrisa.

"Ala nube", relato de Ivanius (fragmento). Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Porträt der Jeanne Hébuterne, Amadeo Modigliani (1884-1920), en Wikimedia Commons.

18 abril 2013

Recado al vuelo



por Ivanius

Lo último que hice antes de salir fue tomar un café, como me gusta hacer mientras te escribo.

Perdona la premura, y también por arrancar un trozo de periódico; ya sabes cómo funciona: madura la fruta, recoge las gracias del perro y protege el suelo de la pintura nueva, pero todavía sirve para algunas otras cosas, por ejemplo, como libreta de apuntes... accesible, aunque cada vez menos barata.

Todos los días me has dicho lo mismo: "ya que lo pagamos, deberíamos leerlo". Por eso siempre te pongo esdrújulas inventadas en los márgenes.

Pero hoy no estás. Por eso entrelacé un poco de tus palabras y las mías, para que sepas que estoy bien cuando las leas gracias al viento.

"Recado al vuelo", relato de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Kite in Greece, CC by FocalPoint, en Wikimedia Commons.

14 marzo 2013

Campo de sueños



por Ivanius

El médico dijo que acabar con el insomnio era cuestión de hábitos. Por eso cambié mi alimentación, mis actividades, incluso mi rutina en el trabajo, para ser un poco más ordenado. Tú no lo entendiste. En realidad entiendes muy poco, pero lo adivinas todo.

La falta de sueño me está convirtiendo en otra persona, pero tú jamás dices nada de mis ojeras, y siempre sabes hacerme sonreír con sólo mirarte. Tu carcajada, mitad cauta pero totalmente franca, jamás me deja indiferente.

Hablando de dejar... lo que dejé de hacer es leer, eso sí. "La cama —otra vez el doctor— no es para leer, sobre todo si quieres mejorar. Ya sabes: sólo tiene dos usos". Ahora sonrío, pero cuando yo tenía esa edad, un médico no tuteaba a un paciente que  podría ser su... su tío. Tampoco haría ese tipo de chistes. O tal vez eso también es producto de la fatiga.

He aceptado todo tipo de consejos, pero cuando quiero ponerlos en práctica, tú no estás de acuerdo. ¿Por qué dormir cuando hay otras cosas que hacer, especialmente ahora que ya no leo? Y otra vez la sonrisa, y una mano en mi boca que intenta protestar, y un nuevo juguete, y una música igual de juguetona.

Me rendí, como siempre... y como siempre, la que durmió al fin fuiste tú, en mis brazos, mientras yo te miraba.

Seguramente cuando llegue mi relevo dormiré; que haga con tus juguetes lo que pueda. Con o sin consejos lo cierto es que contigo no importa (tanto) el insomnio.

"Campo de sueños", Relato de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Mexcla de Bettbezug_Helogoland, (CC_BY_SA) por Sozialutopist, y Banana_nq (PublicDomain), tomadas de  Wikimedia Commons.


11 febrero 2013

Entiendo al Fénix


por Ivanius


En la esquina del escritorio,
un monitor titila balbuceos.

La cortina juega a esconder
luces del exterior,
cazadora de fatuos.

El teléfono yace,
pero se convulsiona.
No quiere descansar.

Aunque es invierno,
las presencias ahuyentan
a la vez los fantasmas y el frio.

Una lágrima tímida
toma valor para deslizarse
junto a las arrugas de la risa.

Abre las alas:
volar pinta de pausa
el camino al horizonte.

Las cenizas,
más que señal de muerte,
son condimento y nido del fuego.

Parpadeo. Relámpago.
Resplandor.
Renacimiento.

Ahora entiendo al Fénix.

"Entiendo al Fénix", poema de Ivanius (@chanchopensante) aparecido originalmente en Twitter. Texto: © Chanchopensante.com Imagen tomada de  Wikimedia Commons.

26 noviembre 2012

Cita


por Ivanius


Todo parece ridículo, pero debe ser la costumbre. Por eso su sonrisa no me sorprende tanto.

Aquí estamos de nuevo, aunque no como antes. Por lo menos yo.

Ella, en cambio, no parece haber cambiado (ni aprendido).

La desnudez de ambos sigue siendo cómoda... e interesante.

Por momentos es fría; luego, los rituales hacen su papel y las cosas cambian poco a poco.

Como no hay distracciones, y cada uno sabe lo que hace, el resultado también es el de siempre.

Al final, la musa y la hoja en blanco han desaparecido. Otra vez.

"Cita". Relato de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Wikimedia Commons

22 octubre 2012

Abandono


por Ivanius

Presa del interminable miedo de último minuto, tocó a la puerta. No podía volver atrás ahora.

Luego, el hombre elegido la guió a una habitación al fondo del pasillo. “Allá será la magia”, se dijo.

A la luz de las velas, tragó saliva pensando —como tantas antes que ella— en su marido.

Finalmente, se entregó con deleite a la habilidad de aquel experto silencioso y caro.

Media hora más tarde, estaba radiante de alegría con su nuevo peinado.

"Abandono". Relato de Ivanius. Texto: © chanchopensante.com Imagen: Hair-dress of a Georgian Lady, por W.E. Curtis (1850-1911), tomado de Wikimedia Commons. 

20 agosto 2012

Aún


por Ivanius


Tomo el lápiz para pensar
y me atrapa la duda.

Titubeo:
en la hoja blanca
(no hay asomo de burla)
pero tampoco señal
en el desierto.

Tomo la pluma para comenzar
y me sorprende el miedo.

Tartamudeo:
en la primera página no hay voces
ni se adivina
el eco.

Tomo la sangre para vivir.
Quizás no es ella
sino yo
el que palpita.

En el tiempo
(con, tras él)
me detengo.

"Aún", poema de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Stillleben mit Globus, Musikinstrumenten, Büchern und Rötelzeichnung, por Jan ver Meulen (fl. 1638-1674), en Wikimedia Commons.



19 julio 2012

Contemplaciones



por Ivanius

El silencio es más completo
cuando carece de nombre.

Al menos uno que importe.

Sin embargo,
No estoy hablando de eso.

En el papel
hay estanques de palabras.

Cardúmenes
en busca de fluido.

La quietud de la tinta
es su luz.

Escuela
de palabras y sonido.

La imagen que me mira
no soy yo.

Ignorarlo puede ser peligroso.

“Contemplaciones” Poema de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Narcisse, por Nicolas-Bernardt Lépicie (1735-1784), en Wikimedia Commons.

18 junio 2012

Cauces


por Ivanius
Para los EyL, lectores y creadores.

Así parecen
(no perecen)
las ideas:


refrescan
o estremecen
lo que tocan,


para que
quienes temen
se guarezcan...


mientras otros
(de eso viven)
se alimentan.


Insisten
las imágenes
y letras;


le llamamos vivir.
(Hay más:
es lo que cuenta).


"Cauce", poema de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Viajeros sorprendidos por la lluvia, por Hiroshige Utagawa (1797-1896), en Wikimedia Commons.

17 mayo 2012

Desredondilla


por Ivanius

Canta con la tarabilla
una sonora proclama:
dile que fue esta mañana
cuando perdí mi sombrilla.

Si no reacciona, reclama;
por eso eres tan ladilla.
Un carbón que se desgasta
siempre ensuciará la hornilla.

Dime más, cuéntame un cuento,
pinta corderos sonrientes.
(Mejor dibuja un caballo
que no tenga tantos dientes).

Hablando de esta manera
se nos pasaron las horas;
monos, gnomos, duendes, brujas,
hadas, damas y señoras.

Pocas cosas hacen falta
al jugar con las palabras:
sólo infantes que se atrevan
a dejarlas comenzar.

Por fin llegamos al mar,
a ver qué nos inspiraba:
No pensamos más que en nada,
y nos fuimos a nadar.

"Desredondilla" poema de Ivanius. Texto © Chanchopensante.com Imagen: Wikimedia Commons.

30 abril 2012

Ecografías


por Ivanius


Todos los hombres son mortales,
pero para cada hombre su muerte es un accidente
e, incluso si la conoce y acepta, una violencia a destiempo.
Simone de Beauvoir, Una muerte tan dulce.


Hay que conmemorar a la poesía
como una nube al sol de mediodía,
que se dilata (agranda) y desvanece
refrescando la luz en lo que mira y crece.

Poesía es verbo, y nombre sustantivo,
y reflexión, y pausa, y catalejo.
También repetición, silencio y adjetivo,
y horror y honor y yerro y hierro viejo.

La poesía no consigue: sobrevive
(decía Auden). Resistiendo a la muerte
es el árbol que cae sin testigos:
aunque caiga sin sonar, se oye estridente.

Ecografías, poema de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com. Imagen: "Morning Fog", CC by dbking, en Wikimedia Commons.

12 marzo 2012

Brotes


por Ivanius

Ahora no existe, y sin embargo, existe.
Presente siempre en umbral de inminencia.
Baúl inagotable de sonrisas.
Fuente aterradora de exigencias.

Aniversario viejo como el tiempo.
Estreno de voluntaria permanencia.
Rito y misterio intemporal del gozo.
Promesa que no pierde su vigencia.

Convocatoria, relevo, segundo aire.
Sprint que sí (y no) necesita estafeta.
Audacia, admiración, melodía, resonancia.
Así es la vida: con razón se renueva.

"Brotes", poema de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: CC Lemon with sprout inside, by Elke Wetzig, en Wikimedia Commons.

06 febrero 2012

Tamaño real





por Ivanius


Algunos nunca lo han visto, pero él es el dueño auténtico de todos los colores. Pescarlo en su transformación es cuestión de ánimo y paciencia.

Su mayor satisfacción es terminar la tarea cotidiana, cuando se pone un gabán negro antes de retirarse a las profundidades. La elegante boina, junto a las idénticas (y también elegantes) boinas de sus vecinos, es toque de uniformidad y pausa.

Yo lo descubrí como ocurren muchos hallazgos: en un momento de necesidad. No soy capaz de concentrarme más que en una cosa a la vez para hacerla bien, y aunque el diseño no es "lo mío", el trabajo ocasionalmente requiere inventiva para sobrellevar otro tipo de dificultades.

Rodeado de expertos en herramientas casi churriguerescas y vocabulario salpicado de neologismos como "salvar", "peistear" y "renderear", parecía ridículo pedir ayuda para suavizar los bordes de un recorte, o cambiar el color de fondo de una ilustración. Ante la tarea asignada los programas disponibles —mágicos en manos de los que saben— equivalían a usar lanzallamas para matar un mosquito.

Disimulando mi inquietud, encontré respuesta en la función de aumento del péint, y gracias a eso topé con la formación de pixeles. Allí estaban todos; los imaginé (o descubrí) alegres ante la ocurrencia de asomarme cual entomólogo del RGB. Después se dejaron hacer y deshacer, mientras poco a poco, en el escritorio, los bordes se volvían más finos y los matices más sutiles.

Por fin, el icono de 16X16 recibió su nuevo atuendo en tonos de gris impecables, y yo pude continuar escribiendo.

"Tamaño real", relato de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen "mouse-cursor-hand-pointer.svg" por Lordalpha1 en Wikimedia Commons.

03 enero 2012

Sin sombras














por Ivanius

Busco la luz, le dije.
Si la encuentro,
miraré en lo profundo, cerca y lejos.

Afanoso entomólogo del gozo,
de la paz, la alegría
y hasta el silencio.

Busco la luz (me dije).
Si la habito,
será para hacer cálido el momento.

Jugar a escalofríos y ronroneos,
enhebrar chispas en cuerda de risas
y lucirlas en el cuello.

Busco la luz: lo dije.
A media noche
una estrella me hizo un guiño desde el cielo.

Vino la luz.
Callé.
Nació este verso.

A nadie importa lo que ocurrió luego.

"Sin sombras", Poema de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Wikimedia Commons