
Por Mara Jiménez
Aspirina, o ácido acetil salicílico para quitarme de encima la pesadez de sangre que tu paso deja tras de sí, a lo mejor fluya más la vida por mis venas.
Butilhiosina, para evitar esos calambres estomacales que me acometen cada vez que tu voz estruendosa resuena en mis vísceras con tu famoso “adiós”, que no deja lugar al “hasta pronto”, ni cabida a la pregunta de “¿hasta cuándo?”.
Captopril, para relajar la tensión y sentir que el corazón no se me va por el pecho en la soledad de la cama interminable.
Dalacín emulsión cutánea al 1%, que me evita ver las laceraciones que exhibe mi piel ajada, después de los pellizcos feroces que acompañan a la duda de llamarte o no. Con la misma mano que sostengo el teléfono, voy enterrando mis uñas para castigarme, por débil.
Ergonovina, en dosis suficiente para evitar que mis lunas periódicas entorpezcan tu pasión; ya me las arreglo yo después con el desajuste… a solas.
Fenilefrina oftálmica, pues la rojez de mis ojos son pruebas de mis lágrimas “por gusto”, como tú las llamas, y no quiero que te molestes una vez más.
Gabapentina de 300 mg, pues tengo pudor de que algún día mi amor se derrame sobre ti en forma de una convulsión inoportuna.
Haladol o haloperidol en su forma genérica, que apacigua mis sentidos y me regala unas horas de dormir profundo, sin soñar contigo ni con nadie.
Indometacina, para desinflamar los sentidos y sentires, y poder aparentar que nunca te esperé.
Ketotifeno, para el asma y la falta de aire que me da tu indiferencia.
Levamisol, para evitar que los sentimientos parásitos se instalen entre nosotros.
Medroxiprogesterona, evitando así procrear tu ser, y sentir tu vida para siempre en la mía.
Nicotina, prendo este cigarro para seguir esperando sin temblar. No has llamado, ni sé si llegarás.
Omeprazol, que calma mi estómago y los ácidos buches que suben a burlarse de mi amarga situación.
Penicilina inyectable, pero mejor tomarla, no sea que me pudra en esta espera.
Quetiapina, pues al final puede ser que ese psiquiatra haya tenido razón; es más, doblaré la dosis a su salud.
Quetiapina, dos más para brindar por la próxima hora que se me escapa esperando tus manos.
Rimonabant, que controla la glucosa y me quita el hambre. Guardo tu cena como la ambrosía de los últimos dioses.
Quetiapina, antipsicótico de amplio espectro para el tratamiento de cuadros de psicosis agudas y crónicas incluyendo la esquizofrenia y el trastorno bipolar… quedan dos más en la caja y una botella de vino me sonríe amistosa… creo que dormiré ...
Cuando llegues, despiértame si puedes.




