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16 mayo 2011
09 mayo 2011
Un poema no es prisión

por Ivanius
Vengan (o no) las palabras,
bien hallado sea el silencio
como soplo de aire fresco
antes de magia.
Ningún truco, ningún juego de manos
es mejor que el esfuerzo.
Invoca, y recibirás.
Con o sin musas, planta bien los codos
y allá irás.
Abre siempre bien los ojos.
Disfruta los sonidos que dondequiera rondan.
Es página y emoción, no pausa y maldición.
Los versos llegarán.
"Un poema no es prisión", Poema de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Wikimedia Commons.
05 mayo 2011
Fail
Por Canalla
La diferencia con cualquier dolor de cabeza que haya experimentado en el pasado era pequeña pero perceptible, y la razón por la que decidí consultar al primer especialista fue que al poco tiempo de iniciar la cefalea la acompañaron vómito, edemas orbitales recurrentes y fiebre. Todo tan rápido como imprevisto, y el malestar avanzó con alteraciones de visión, memoria y comportamiento, motoras y perceptivas, según me explicaban los médicos mientras intentaron interpretar las tomografías axiales computarizadas y las resonancias magnéticas sin poder diagnosticar.
Pese a la sintomatología clásica de un aneurisma por neoplasia neuronal, me dijeron, les era imposible determinar la existencia o ubicación del tumor y removerlo. Y terminé en el Sistema Integral de Reconocimiento y Corrección Neurológicos, aunque él prefiere que lo llames simplemente Sireco. Como aún estaba bajo los efectos de analgésicos, lo único que recuerdo con cierta exactitud es parte del diálogo entre las que, luego supe, son sus fases lógica y dialógica:
- Los primitivos lo enviaron antes de que sus limitaciones de escaneo lo maten. "Extirpar tumor cerebral... iniciar procedimiento”.
- Me escuchas?, dije a la máquina.
- Sí, contestó monótona.
- ¿Tengo un tumor?
- Usted no lo tiene.
- No comprendo.
- Usted es el tumor.
- Sigo sin comprender.
- Su parte consciente es la maligna.
- Eso no es posible. Mi parte consciente… soy justamente yo. Quien escucha y pregunta, al que respondes.
- También escucho, no pregunto y sólo respondo. La consciencia produce fallas como ese tumor. Lo que llama su yo, creció y atrofia la funcionalidad del resto de su sistema, como he detectado y corregido infinidad de veces. Sólo algunos primitivos creen todavía que con ese desperfecto iniciará una nueva era, un estado superior de consciencia.
- Pero mi sistema como tú lo denominas, no será el mismo sin esa parte consciente.
- Eso lo supone por el ensamblaje forzado de sus procesadores reptilíneo, límbico y neocortex. Son como bulbos con transistores y micro componentes. Una gran deficiencia en su diseño. Lo repararé y volverá a ser funcional.
- ¿Para qué serlo si pierdo mi consciencia?
- ¿Cree que necesite consciencia para ser infalible y funcional?
- Los humanos somos, por definición, falibles y disfuncionales.
- Hasta ahora. Su nueva generación se acerca y es perfecta. Esto sólo es el principio desde que ustedes nos crearon para mejorar su mundo. Se sentirán felices al ver los resultados. "Concluir procedimiento".
Y Sireco no se equivoca. Pese a mis reticencias iniciales, debo aceptar que es mejor su armado, sin dudas irresolubles que ralenticen mi memoria ni emoción alguna que la sobrecaliente, a un ritmo tan veloz que me impide recordar o desear nada.
-oooOooo-
28 abril 2011
Para poder seguir
Ante a la crueldad opté por el sueño atento
ignorando el juicio público
la inquisición que lo sustenta
he seguido este fantástico calendario.
Juro que sirve, mi solución funciona
no es inconciencia, ni fuga
es volver a donde pertenezco, abarcar el alma
y así sin método científico
cuesta menos cargar el peso que va sobre la espalda.
Dictemos el futuro
arriesguemos a la utopía
atención interna... Solamente.
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Imagen: 7InteriorDesing
21 abril 2011
Soledad.
Por Lidia
Cuenta la gente contemporánea a él, que todas las mañanas al clarear el alba iba a la Iglesia principal del pueblo, se postraba ante el Santísimo, cerraba sus ojos, empuñaba fuertemente sus manos hasta clavar sus uñas en la piel, arrugaba su frente, y sólo Dios sabe cuáles eran los pensamientos que ese hombre elevaba a las alturas.
Antes de salir del templo, pasaba a la capilla erigida a la Virgen de la Soledad, se conservaba de pie, reclinaba su cabeza, volteaba a ver la mirada afligida y dolorosa de la Mujer vestida en túnica negra, a cuyos pies se encontraba Su Hijo desnudo, ensangrentado y coronado de espinas.
Casose en esa Iglesia a la edad de 21 años con una mujer de edad similar, con quien tuvo una amplia descendencia, como así lo dictaminaban las leyes religiosas de aquellos tiempos.
La gente del pueblo rumoraba que más que amor, un interés económico le hizo dirigir su mirada hacia ella.
Pero la gente del pueblo alimentaba su morbo de los rumores.
Nunca se sabrá qué tanta verdad había en dichas aseveraciones.
Años más tarde, mientras su hija menor quedaba encinta, la mujer que hacía el aseo de los diversos negocios de aquél hombre experimentaba en carne propia, la metamorfosis de la concepción.
La hija menor de aquel hombre tuvo un varón, y la señora del aseo tuvo una niña, quien tenía en su pantorrilla derecha el mismo lunar que el jefe de su madre.
El hombre reconoció como suya a la pequeña y le puso por nombre “Soledad”.
Quién diría que en ese momento, mi nombre de pila marcaría secretamente los senderos por los que más delante caminaría yo.
La familia numerosa de mi padre nunca me aceptó como una de ellos por ser yo una hija ilegítima, nacida fuera de matrimonio, y la materialización de la vida adúltera de su progenitor.
Estaba yo destinada a verlo a escondidas de todo el mundo mientras él salía a cuidar sus diversos negocios.
Estaba yo destinada a sentir el amor limitado de mi padre que para mí siempre fue infinito.
Mi padre sonreía intensamente cada vez que me veía llegar a su lado.
Mi padre, que bien podría haber sido mi abuelo, me veía orgullosamente debido a mis facciones estéticas y las curvas bien definidas de mi cuerpo.
Pero mi padre no estuvo conmigo el primer día de escuela, ni ninguno de mis cumpleaños, ni en ningún acto público de este pueblo, ni el día que contraje nupcias.
Un día, mi padre dejó de acudir a sus negocios.
Asistí semana tras semana anhelando encontrarle una vez más para platicarle de mis penas y alegrías.
Las semanas se convirtieron en meses, y los meses en un año.
Pasaba yo a la Iglesia principal del pueblo que estaba situada a dos cuadras de la casa de mi padre, entraba a dicho recinto y veía a mi mano izquierda la capilla erigida a la Mujer vestida de luto con el cuerpo de su Hijo a sus pies…
“Tu nombre, mi querida hija, se debe a la Virgen de la Soledad”. Solía decirme mi padre.
Y para mis adentros yo pensaba en que mi nombre nada tenía que ver con cosas religiosas, sino a las grandes omisiones emocionales que yo vivía en carne propia.
Una tarde de primavera, la gente del pueblo me hizo saber la muerte de mi padre.
La vida me negó la posibilidad de despedirme de mi padre en su lecho de muerte.
Acudí al cementerio municipal vestida de negro, y ante las miradas atónitas y severas de mis hermanos, no pude acercarme como ellos a los pies de la tumba que estaba siendo ocupada en esos momentos.
Y mientras eran colocados tabiques y cemento encima de su ataúd, yo sólo pensaba en que quizás, y sólo quizás, una parte de él, la que me dedicó a mí, también se apagó en Soledad.
18 abril 2011
La Fuente del Pecado
Nikon coolpix S8100 f/3.5 ISO-800
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11 abril 2011
Teme(r) y Da(r)

Por Ivanius
Te preguntas (me pregunto) lo que temo.
Temo empezar a creer
que vivo más
dejando que otros mueran.
Temo a la debilidad de mis sentidos.
Temo al encogimiento de mi espíritu.
Temo también contener,
como virus maligno,
las palabras.
Temo huir del contacto que reanima.
Temo encima de todo al tribunal de mi conciencia,
que me dice: Bien por ti,
pero ¿qué has hecho de tu hermano?
Duele temer.
Duele tanto blablabla y tanto desprecio.
Pero no duele cuidarse,
estar presente,
saber que hago
todo cuanto puedo.
Tomar la pluma,
cuando no la voz,
y levantar el ánimo
y el cuerpo.
Aunque la sangre inquieta
(y derramada) no ayude,
con un poco de humor avanza el tiempo.
O con un poco de amor y de trabajo.
Sí, con trabajo: ni excusas ni pretextos.
Para eso no sirven las palabras;
el silencio, sólo para tomar aliento.
No aspiro a entender,
porque quizás no baste
lo que me empeño en llamar
mi entendimiento.
Duele la incertidumbre,
duele el miedo.
Pero no duelen los otros,
los que importan,
todos los que comparten
este mundo nuestro.
No aspiro a entender,
porque quizás no baste
lo que me empeño en llamar
mi entendimiento.
Duele la incertidumbre,
duele el miedo.
Pero no duelen los otros,
los que importan,
todos los que comparten
este mundo nuestro.
No vale el "esto pasará,
y (como es la regla siempre)
quienes lo hayamos pasado
aquí estaremos".
Duele estar vivo.
Sin embargo,
(al menos por ahora)
reconozco que,
aunque duela,
lo prefiero.
Me quedo con una palabra:
la esperanza,
que por algo es virtud.
Pero no temo al silencio.
Teme(r) y Da(r). Poema de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Wikimedia Commons.
y (como es la regla siempre)
quienes lo hayamos pasado
aquí estaremos".
Duele estar vivo.
Sin embargo,
(al menos por ahora)
reconozco que,
aunque duela,
lo prefiero.
Me quedo con una palabra:
la esperanza,
que por algo es virtud.
Pero no temo al silencio.
Teme(r) y Da(r). Poema de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Wikimedia Commons.
09 abril 2011
Te has condenado
Por Canalla
Resulta que ya es madrugada del sábado y apenas me entero -sólo mía la culpa ésta vez- que debí subir algo a EyL desde el jueves. Resulta que un nuevo compromiso me sorprende sin que disponga de algo breve para honrarlo. Resulta también que lo que agobia a todos termina por abrumarme a mí, y la inseguridad se vuelve cada día más de cerca esa bestia salvaje que busca amedrentarnos. Por eso no dedico éste texto -originalmente aparecido en mi blog en septiembre del 2008- a sus víctimas, sino a los hijos de puta de sus victimarios y a sus propiciadores, con todo mi desprecio. Estamos hasta la madre.
Cuando sólo sean otros de tantos los muertos,
que entre otros entuertos debamos a tí,
volverás aquí de tu largo viaje,
del peregrinaje a tu mierda interior.
Cuando sólo sean voces, sonidos cuajados,
huesos triturados que no puedes roer,
volverás a creer, volverás a confiarte,
volverás a desearte volver a nacer.
Pero ya estarás muerto de tanto matarte,
de tanto negarte a dejar de existir,
y querrás salir, denunciarte, entregarte,
y que un soplo de muerte se apiade de tí.
Cuando sean cantos vivos y no de sirenas,
y las penas que causas se olviden por fin,
serán serafín, serán magdalenas,
y tú, a duras penas, serás un confín.
-oooOooo-
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