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03 enero 2013

Vivo sin vivir en mí




Vitral del Convento de Sta Teresa




Vivo sin vivir en mí, 
y tan alta vida espero 
que muero porque no muero. 

Vivo ya fuera de mí 
después que muero de amor; 
porque vivo en el Señor, 
que me quiso para sí; 
cuando el corazón le di 
puse en él este letrero: 
que muero porque no muero. 

Esta divina prisión 
del amor con que yo vivo 
ha hecho a Dios mi cautivo, 
y libre mi corazón; 
y causa en mí tal pasión 
ver a Dios mi prisionero, 
que muero porque no muero. 

¡Ay, qué larga es esta vida! 
¡Qué duros estos destierros, 
esta cárcel, estos hierros 
en que el alma está metida! 
Sólo esperar la salida 
me causa dolor tan fiero, 
que muero porque no muero. 

¡Ay, qué vida tan amarga 
do no se goza el Señor! 
Porque si es dulce el amor, 
no lo es la esperanza larga. 
Quíteme Dios esta carga, 
más pesada que el acero, 
que muero porque no muero. 

Sólo con la confianza 
vivo de que he de morir, 
porque muriendo, el vivir 
me asegura mi esperanza. 
Muerte do el vivir se alcanza, 
no te tardes, que te espero, 
que muero porque no muero. 

Mira que el amor es fuerte, 
vida, no me seas molesta; 
mira que sólo te resta, 
para ganarte, perderte. 
Venga ya la dulce muerte, 
el morir venga ligero, 
que muero porque no muero. 

Aquella vida de arriba 
es la vida verdadera; 
hasta que esta vida muera, 
no se goza estando viva. 
Muerte, no me seas esquiva; 
viva muriendo primero, 
que muero porque no muero. 

Vida, ¿qué puedo yo darle 
a mi Dios, que vive en mí, 
si no es el perderte a ti 
para mejor a Él gozarle? 
Quiero muriendo alcanzarle, 
pues tanto a mi Amado quiero, 
que muero porque no muero. 

Imagen: Wikipedia
Vitral del Convento de Sta Teresa



05 diciembre 2012

El secreto del cuervo








Por Flor de Maria Almaraz




Las noches en ese entonces eran muy calladas. La casa silenciosa albergaba a una familia compuesta por el padre y los hijos dormidos en tres camas. 

Los tres mayores acostados en una cama. En otra las dos hermanas mayores. En la cama matrimonial el padre solitario y en un catrecillo viejo el más pequeño de los hijos.

Todos con el sueño cansado que da el hambre postergada. 

El sueño era interrumpido a veces por el ruido del motor de algún coche perdido en la oscuridad.

La madre había acudido a dar a luz a su siguiente hijo dejando a cargo de la casa a la hermana mayor que hacía de madre con los chiquillos que la dejaban exhausta a su pequeña edad.

Como cada noche, el hombre acostado en un extremo del cuarto, luchaba contra los demonios que el alcohol sacaba perversamente de su interior. No quería hacerlo pero algo más fuerte que él le susurraba al oído que lo hiciera, que no era malo. 
El sudor corría por su frente espantando al sueño que era el único que lo salvaba de la lucha contra él mismo.

Mientras tanto, las dos niñas, cada una sin moverse y con los ojos muy abiertos rogaban porque la noche terminara. Pedían a todos los cielos -cada una por su lado- que su madre regresara pronto antes de que las fuerzas las abandonaran.

La mayor dejaba escurrir las lágrimas hasta la almohada quien pesarosa las absorbía en su alma de tela.

La otra niña cruzaba los dedos pidiendo no ser llamada por ese hombre que dormía al otro lado del cuarto. Cuando esto sucedía, odiaba que fuera su padre el que la enfrentaba tan duramente a la vida.

Así pasaban las horas, cada uno sin poder dormir, con sus respiraciones rompiendo el silencio de la noche.

Cuando todo parecía sería una noche más, la voz del hombre en la oreja de la niña le pedía dejarse tocar la panza.
Ella sobresaltada se resistía sin fuerzas que se le habían acabado hace mucho y se dejaba tocar.

-No le digas a tu mamá- decía- se puede morir, acuérdate que está muy enferma- y las niñas callaban mordiéndose la lengua para no gritar su desdicha.

Así cada noche, sin que nadie se diera cuenta, el hombre convertido en cuervo a los ojos de la niña, la llamaba con su graznido incesante para hacerle caricias que en su mente infantil a ella la molestaban y le hacían que fuera desarrollando un odio contra ese hombre que no podía ser su padre.

Los hermanos mayores intuían que pasaba algo con las niñas pero el padre se encargaba de tranquilizarlos diciéndoles que no pasaba nada, mientras en los ojos de la pequeña no había más lagrimas sino un fulgor extraño que da el odio contenido.

Pasó entonces la vida.

Los niños de hicieron hombres porque las niñas fueron mujeres a fuerza de caricias obscenas.

Cada uno hizo su vida aparentemente sin ningún problema.

Pero nadie sabía que las hermanas cada una guardaba un secreto que pedía no ser rebelado para que el padre subido en un pedestal no se derrumbara.

El cuervo había logrado que su secreto fuera guardado hasta el fin de los tiempos.




Imagen proporcionada por el autor del texto



29 noviembre 2012

VII.

 
 
Por  Aparicio.
 
 
 
 
 




Si Dios fuera caballo

le soltaría  la  rienda

y dejaría que me llevara.

 

Si Dios fuera  caballo

me gustaría   ser su sangre.

 

No me acercaría a sus patas traseras

por aquello de las patadas.

Aunque de Él serían golpes de fe.

 

Si Dios fuera  caballo

sería blanco como el silencio

O como el  aire de Comala.

 

Hoy en  la noche

voy a cabalgar  en Dios.
 
 
 
 
Poema  incluido en;
Cartografía de  la  literatura Oaxaqueña II
Editorial Almadía
2012.
 
Imagen;
Maritza Andrade.
Técnica
Pastel sobre papel.
 
 

26 noviembre 2012

Cita


por Ivanius


Todo parece ridículo, pero debe ser la costumbre. Por eso su sonrisa no me sorprende tanto.

Aquí estamos de nuevo, aunque no como antes. Por lo menos yo.

Ella, en cambio, no parece haber cambiado (ni aprendido).

La desnudez de ambos sigue siendo cómoda... e interesante.

Por momentos es fría; luego, los rituales hacen su papel y las cosas cambian poco a poco.

Como no hay distracciones, y cada uno sabe lo que hace, el resultado también es el de siempre.

Al final, la musa y la hoja en blanco han desaparecido. Otra vez.

"Cita". Relato de Ivanius. Texto: © Chanchopensante.com Imagen: Wikimedia Commons

15 noviembre 2012

Verás el mar







Por Lumpempo


VERÁS EL MAR


Verás el mar
en olas amotinadas
sobre la marcha del crepúsculo

las gaviotas dejarán su vuelo
para emboscar peces en su caída de dardo
y un motín de delfines harán suyo el azul
en su territorio de coral.

Verás el mar teñido de cielo
dibujando el límite del mundo.

Ancho mar húmedo de sol
para navegar tu asombro
y refrescar el vuelo de tu voz.

Mar que se lleva de la arena
el peso de tu cuerpo para hacer camino
en el vaivén de su resaca.

Mar abierto a la brisa de tu piel
de abrazo oceánico para el roce de tus labios
mar de amar
para subir a tu hondonada de diluvio
y que las ballenas canten
cuando te hundas
en su agua de deseo.


(c) Lumpenpoeta.

Otra vez en E y L, a dejar las palabras en su recorrido de versos. Gracias por el espacio que es como abrazo y compañía. Al equipo y a Mau, gracias. Seguimos.

11 noviembre 2012

Literatura barata...



Nunca me ha gustado la expresión "literatura barata" porque creo que no corresponde con nada, excepto quizás con esta foto.


Por Amalia